Por Rodolfo Díaz Wright

Si alguien tenía dudas sobre la urgente necesidad de revocar el mandato del alcalde William Dau, estas fueron totalmente disipadas a la luz de la forma inhumana e indolente, con que viene manejando el fuerte recrudecimiento de la pandemia de Covid 19, en la ciudad de Cartagena.

Mas de 12000 contagiados, el 28% del total, en el solo mes de diciembre. Mas de 100 muertos, el 13% del total de muertos, en tan solo los últimos 10 días, cifras sobrecogedoras y espeluznantes que, siguiendo los direccionamientos del análisis juicioso y sano, obligarían a decisiones mucho más drásticas y cuidadosas que las tomadas inicialmente, cuando solo teníamos unos pocos contagios.

Cifras dramáticas, que fueron prácticamente festejadas por nuestro gobierno y recibidas con medidas disparatadas, irracionales y demenciales. Finalmente lo logramos: somos la ciudad en Colombia con el mayor índice de muertes por Covid.

Los mismos decretos incongruentes y desatinados que un día cierran y al día siguiente abren, la misma ineptitud del gobierno ante la necesidad de la gente, obligada a salir a arriesgarse a ser contaminada, mientras debe luchar por la supervivencia propia y de su familia. Y, por último y bien desagradable, el triste espectáculo de unos gobernantes, epicúreos y desbocados, haciendo gala de un histrionismo pedante, que copa en mano, invitan a visitar el paraíso perdido en donde, la única felicidad es la que siente satanás al ver tanto sufrimiento.

El gobierno perdió definitivamente la chaveta y poco o nada le importan los padecimientos, y el sufrimiento de la gente. Los muertos, que ya se cuentan por docenas, pasaron a ser solo cifras de la estadística y sus nombres y el dolor de sus seres queridos, simples anécdotas y recuerdos imperecederos de una época estúpida, descontrolada, de locos y locuras y de gobernantes irresponsables, con niveles de crueldad y extravagancia tales, que los asemejan a verdaderos Calígulas modernos.

Con la misma displicencia e insensatez con que se manejó la pandemia, se maneja la reactivación económica y se seguirá manejando la ciudad, hasta llevarnos al abismo y la catástrofe. De los programas iniciales de reclusión, tapabocas, cuidado personal y el distanciamiento social, hemos pasado, sin planes ni estudios, al expediente peregrino del sálvese quien pueda, y marica el último, soluciones vergonzosas e inhumanas que muestran sin más disimulos, el tamaño de nuestras desgracias y el calibre cruel y despiadado de nuestros gobernantes.

Una vieja tradición de los pensadores orientales establece que: Se deben defender las ideas a ultranza, pero cuando es una gran mayoría la que piensa diferente a nosotros, tenemos que comenzar a sospechar que estamos equivocados. Esa y no otra, debe ser la reflexión obligada de quienes, en un exceso de confianza y por no dar el brazo a torcer, aun esperan el milagro y la recuperación de un gobierno inepto, sin planes ni programas y dirigido por una persona que cada vez más, muestra su incompetencia como administrador y sus debilidades de carácter y personalidad. Sus últimas decisiones agregan una nueva faceta a la ya larga lista de elementos negativos: la falta de humanidad y preocupación por el sufrimiento ajeno.

Este año nuevo que comienza trae para nosotros una verdadera oportunidad. La oportunidad de CORREGIR, al menos uno de los grandes problemas que en estos momentos aquejan a nuestra ciudad: la falta de juicio y liderazgo de la persona que erróneamente elegimos y en la que ingenuamente creímos. La revocatoria del mandato, derecho constitucional del que disponemos todos los ciudadanos, no es una de las soluciones: es la única. Las consecuencias de no actuar rápidamente en la dirección de CORREGIR el rumbo, serán catastróficas y no necesitamos ser profetas para que nos crean. Es el peso de nuestra realidad cotidiana el que nos está mostrando hacia donde vamos.

El Comité de Revocatoria ya ha sido conformado, y en estas dos primeras semanas del año, quedará inscrito, con todos los requisitos de ley. Para finales del mes de enero se comenzará la recolección de 35000 firmas, lo cual esperamos se complete en dos meses y, para mediados de mayo, creemos que se estará dando el gran evento de revocatoria, en donde los cartageneros podremos, una vez más, mostrar nuestra capacidad de sobreponernos y salir adelante en las adversidades.

Como bien dice el escritor distópico Nicholas Wells, “La inconsciencia en nuestros actos es el primer paso hacia la extinción humana.” Será que hacia allá nos llevarán los actos de nuestros  gobernantes? De nosotros dependerá el no asitir a esta cita.

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