En las fiestas de noviembre de la época de Florentino Ariza y Fermina Daza, se cuenta que las señoras de la “alta sociedad”, se ponían su capuchón para no ser identificadas y se mandaban a gozarse la cumbiamba y el fandango que, en esas calendas se prendían en los kioscos del Parque del Centenario. Obviamente esas mismas señoras en su recogida vida real eran grandes opositoras a esas “prácticas paganas e idólatras”.
El fenómeno se está repitiendo en él, exitosamente, recién inaugurado Malecón del Mar, en donde algunos contradictores acérrimos del proyecto y del gobierno, se arriesgan con una gorra embutida hasta las orejas y unas gafas de capo barato, a pasearse por el emblemático malecón, siempre alertas, siempre pendientes a que no los descubran y les griten, como solo aquí lo saben hacer: “ajá, no gustas del santo, pero sí de los milagros”.
Y hasta es válido que lo repellen. Que explicación tiene que alguien que considere que se trata de un mal proyecto, que la inversión es inconveniente, que nadie la quiere, se aparezca con su cara dura, y su sonrisita pendeja, haciendo show, tomándose selfis, cazando incautos y validando con su presencia algo de lo que despotricó, cuando le pareció conveniente. Aquí hasta los más implumes le llaman a eso falta de coherencia, elemento muy importante en quienes esperan que el lectorado les crea.
La teoría clásica dice que, cuando usted vaya a hablar mal de alguien o de algo, eso que dice debe ser cierto, trascendente, verdad, porque de lo contrario, quien terminará mal será usted, por chismoso y hablador de disparates. En el caso del Malecón del Mar, es obvio que los contradictores, no se tomaron el trabajo de consultar a la ciudadanía, sobre sus planteamientos, antes de hacer generalizaciones negativas absurdas y terminar quedando como unos verdaderos cretinos, ya que el respaldo de la población al proyecto, fue unánime y abrumador.
Si algo hay que resaltar, sin ambages es la gran y espectacular acogida que está teniendo este emblemático paseo marino, aún antes de haberse finalizado todas las demás obras, que lo complementan y embellecen. En su primera tarde noche de actividades, fueron miles y miles los cartageneros que llegaron al Malecón y disfrutaron durante horas, de todas las posibilidades que tiene esta nueva oferta de distracción y esparcimiento, de la ciudad de Cartagena. Sin distinción propios y visitantes, del norte y de sur, deportistas, paseadores, espectadores, todos sin excepción, ponderaron este gran acierto del Gobierno Cartagenero.
No dudamos que la ciudad aún debe seguir desarrollándose en otros sectores. Seríamos tontos y faltos de mollera, al no entender que, desde luego, hay que continuar con este proyecto de ciudad en la forma seria y planificada como se viene haciendo. A los enemigos del malecón, que quieran seguir paseando su soledad, les recomendamos pasear con una máscara del hombre araña, que de paso les sirve para el día de brujas y el bando.
