La sicología del siglo veinte, siempre vinculó el éxito, al coeficiente de inteligencia I.Q. Así que la inteligencia era la condición humana más ponderada, y quien la poseía estaba listo para triunfar, ser persona exitosa y aspirar a los más altos honores. De hecho, los sicólogos de la época, se especializaban en calcular e interpretar el famoso coeficiente y producir sus misteriosos y secretos informes, casi siempre manejados bajo llave, por las empresas que los contrataban.
Solo hasta finales de siglo (años noventa), comenzó a usarse el novedoso concepto de inteligencia emocional I.E., definido como una capacidad humana de comprender y manejar emociones propias y ajenas, y guiar sus pensamientos y conductas de acuerdo con esta comprensión. Fueron realmente los sicólogos, Peter Salovey y John Mayer, quienes publicaron el primer papel científico sobre el novedoso tema, asignándolo a la Inteligencia Emocional la categoría de habilidad, para percibir, comprender y regular emociones.
La cosa se popularizó y pasó a formar parte de los temas de moda, por allá por mil novecientos noventa y cinco, cuando el periodista sicólogo (mezcla complicada) Daniel Goleman, publicó el best seller, Inteligencia Emocional, volviendo popular el término y presentando serios argumentos para demostrar que, la Inteligencia Emocional era más determinante en el éxito, que el coeficiente de inteligencia. Por supuesto, todos los sabiondos de siempre andaban con el librito bajo el brazo, hablando hasta por los codos de inteligencia emocional y acusando a quien se descuidara de carecer de ella y ser un completo cretino.
Pero más allá de lo anecdótico y controversial, el concepto de Inteligencia emocional introducido por los sicólogos, realmente determinaba un conjunto de sencillos comportamientos humanos, muy necesarios para ser un individuo decente, humano, motivado y solidario, algo que hoy hemos llamado: personas con fuego en el corazón.
Reconocer las debilidades y fortalezas propias, gestionar las emociones, impulsos y el stress de manera constructiva, tener una actitud positiva, motivación y perseverancia en la búsqueda de las metas personales, reconocer y comprender las emociones de los demás y manejar las relaciones interpersonales hacia la solución de conflictos, el liderazgo de equipos y las comunicaciones eficaces, son apenas conductas humanas muy deseables y muy necesarias, recomendadas bajo el concepto de inteligencia emocional, para lograr un liderazgo inspirado y una gestión exitosa.
Aunque fácil y comprensible, parece que el concepto no fue entendido y compartido por muchas personas y ayer hoy y siempre, encontraremos personas viscerales, descontroladas e irreflexivas generando emociones intensas, que les nacen de las entrañas y salen a la superficie sin pasar por la razón. Como es natural, uno de los grandes desafíos de la Inteligencia emocional, es precisamente el de enfrentar estas conductas y salir adelante.
