Los países unitarios y centralizados, como lo establece para Colombia nuestra constitución política, generan un modelo económico y político, sumamente dependiente del centro de poder, que es el gobierno central y sus instituciones. De hecho, a partir de esta dependencia, a veces exagerada, surgen muchas de las inconformidades de quienes se llaman a sí mismos la periferia.
De Bogotá vienen las leyes y las reformas, viene el nuevo precio de los combustibles, la nueva tasa de interés y todo lo que de ella se desprende, incluyendo el valor del dólar. Viene el nuevo salario mínimo, los nuevos impuestos y hasta nos mandan los jueces, los fiscales y los policías. De Bogotá vienen las visitas de los ministros, de las cuales en ocasiones resultan algunos apoyos a las regiones, apoyos que traen amarradas las correspondientes autorizaciones de todo y para todo y los rígidos controles.
Es entonces razonable que nos extrañemos cuando algunos personajes, que se las pican de opinadores o autoridad en ciertas materias, comienzan a hacer cuestionamientos a los dirigentes y al gobierno local, sobre situaciones que no controlan y cuyo desempeño viene regulado y afectado directamente de decisiones centrales.
Siendo la construcción de vivienda uno de los elementos de mayor generación de empleo, es de lógica elemental que, si desde el gobierno central se dejan de enviar subsidios para construcción de vivienda VIS, se aumente el desempleo en las regiones. Reclamarle a los alcaldes es una muestra de ignorancia en temas de gestión pública.
Si debido a controles inflacionarios el Banco de La República aumenta la tasa de interés, lo que trae más dólares al país y por consiguiente se baja el precio de la divisa, es apenas elemental que el turista que antes recibía cuatro mil ochocientos pesos por un dólar y ahora recibe tres mil cien, se vaya para otra parte, donde mantenga su poder adquisitivo, o busque alternativas de alojamiento y consumo de menor precio.
Y si a causa de la guerra en Irán, los precios de los combustibles aumentan, incluido el del jet A1, que es el de los aviones, es lógico que los precios de los pasajes aumenten y disminuya la gente que quiere y puede viajar. Así que, cuestionar el número de turistas que llegan a la ciudad y los ingresos por este concepto, sin revisar los cambios económicos globales y locales, es una muestra de ignorancia en gestión pública de la gruesa y es mejor averiguar antes de salir a decir tonterías.
Existen muchos factores, políticos, sociales, y económicos que indiscutiblemente afectan el desempeño y los indicadores de la ciudad, pero que no dependen de la gestión de los mandatarios locales y deben ponerse en contexto para hacer acotaciones inteligentes.
Albert Einstein solo vino a hablar a los siete años y al ser interrogado sobre el por qué no hablaba, simplemente dijo: era que no tenía nada que decir. Así que ya saben, si no tienen nada que decir: calladitos se ven más bonitos.
