Durante muchos años esquivé a la empresa Tigo, como operadora de mi sistema celular. Habíamos tenido algunas diferencias en cuanto a la prestación del servicio y lo más insoportable de todo, la dificultad para retirarse de la prestación y contratar con otra empresa. Me tocó hablar con el presidente Cataldo en persona, para que, finalmente, me cancelaran la suscripción y pudiera emigrar a otro prestador, no tan malo.
Obvio que me causó mucha sorpresa ver que, en este mes, mi recibo vino en papelería con el membrete de Tigo. La razón todos la sabemos, se produjo una fusión o cualquier otra de esas martingalas empresariales – financieras, tan de moda a finales del siglo pasado, aunque en realidad, en el siglo pasado y en cualquier momento, este tipo de jugadas son más comunes y normales de lo que parece y nos inventamos.
No se nos pueden olvidar las triangulaciones que dieron lugar a que, Ecopetrol vendiera la Refinería de Cartagena a una multinacional Suiza, quien a su vez vendió nuevamente y terminamos teniendo en la ciudad a Reficar, empresa que contrató a la misma Ecopetrol, propietaria original, para seguir operando la misma refinería que antes operaba. No hubo dramas, ni tragedias, no vimos desfiles de columnistas poniendo el grito en el cielo, ni se perdieron empleos y la refinería siguió operando normal y eficazmente.
Así que parecen fuera de lugar las alarmas que han prendido un poco de ‘aguasdecartagenafilos’, con sus predicciones apocalípticas y catastróficas, sobre la creación de una simple empresa de Servicios Públicos para la ciudad, empresa por demás necesaria y obligatoria, si no queremos retroceder otros 30 años. Claro que, al contar la ciudad con esta empresa, es apenas lógico que en ella termine Aguas de Cartagena, ya que ahora, o en 2034, pasará totalmente a ser pública, en manos de la administración distrital. Si recordamos esta concesión debía revertir a la ciudad en 2027, a no ser por una prórroga inapropiada en el momento inapropiado.
Por ahora, la nueva empresa, que ya tiene un gran portafolio de servicios que abordar y que son absolutamente indispensables, si queremos que el cambio siga, deberá estructurarse independientemente de lo que se defina, para finalizar la concesión con Aguas de Cartagena, ya que se pueden dar varias opciones, todas perfectamente posibles y que no causan disrupciones mayores, a las que ya estamos teniendo: se puede finalizar anticipadamente la concesión, revirtiendo desde ya la empresa a la nuestra y se produce una simple sustitución patronal, como es normal en este tipo de actuaciones, o se espera al 2034 y se revierte la empresa al Distrito, caso en el que nuestra nueva empresa de servicios, asumiría su operación y control, bajo cualquiera de los esquemas actualmente existentes.
Lo que si no va a suceder es pensar en nuevas prórrogas de la concesión con Veolia, basados en expedientes peregrinos o pretextos de desastres, formulados por los profetas de las desgracias que nunca faltan.
