Por Rubén Darío Rodríguez
Dicen en la Costa que por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, y esa frase encaja perfectamente para describir lo que se vivió en la reciente Cumbre de Seguridad encabezada por el presidente electo Abelardo de La Espriella. El encuentro con los mandatarios locales, entre ellos el alcalde de Cartagena Dumek Turbay Paz, fue más que una reunión protocolaria: fue el primer plato de lo que promete ser un gobierno que escucha, articula y actúa.
Durante años, los alcaldes clamaron por atención del centro, por recursos y acompañamiento real. Sin embargo, el gobierno, liderado por Gustavo Petro, prefirió darles la espalda, encerrarse en su propio discurso y convertir el diálogo territorial en un monólogo. Hoy, el panorama cambia: De La Espriella abre la puerta, se sienta a la mesa y escucha. Y eso, en política, es tan valioso como el primer tinto de la mañana.
La Cumbre de Seguridad deja claro que el nuevo gobierno entiende que la lucha contra el crimen no se gana desde los escritorios de Bogotá, sino desde las calles de las regiones. Cartagena, con su experiencia en estrategias integrales y resultados visibles, se convierte en ejemplo y punto de partida. Si este desayuno fue así de sustancioso, el almuerzo promete ser un banquete de trabajo conjunto, resultados y esperanza.
La señal política es contundente: el nuevo gobierno no quiere repetir los errores de la desconexión territorial. Al contrario, busca construir confianza desde el primer día, mostrando que la seguridad no es un discurso vacío, sino un compromiso compartido. Esa apertura inicial genera expectativa en alcaldes y gobernadores que, por años, se sintieron relegados a la periferia del poder.
Además, la Cumbre deja un mensaje simbólico. El país no se divide entre centro y regiones, sino que se une en una sola estrategia. Si Cartagena aporta experiencia y resultados, otras ciudades podrán sumar sus aprendizajes y necesidades. El reto será mantener esa mesa servida de manera constante, con diálogo real y acciones concretas que conviertan la esperanza en hechos palpables.
Se espera, además, que esta nueva dinámica no se limite únicamente a las capitales que logren sumarse a la estrategia, sino que se extienda a los departamentos y municipios intermedios. Allí también se viven los embates de la inseguridad y las carencias históricas de inversión, y sería un error dejar fuera de la mesa a quienes representan territorios que, aunque menos visibles, son igual de decisivos para el equilibrio nacional.
