Lo de hoy deja claro que el panorama político y administrativo de Cartagena se fortalece con el respaldo del gobierno central. Había quienes esperaban que al alcalde Dumek Turbay Paz lo dejaran por fuera, que le hicieran ‘el fo’, sin entender que esa jugada no solo golpearía a un dirigente, sino que terminaba afectando directamente a la ciudad.
El dolor de cabeza para muchos “boca de champú” hoy es que el presidente Abelardo De la Espriella no dudó en reconocer la labor que se ha venido adelantando. Con firmeza, sin titubeos, apoyó los proyectos estratégicos que marcan el rumbo de la transformación urbana y social de Cartagena.
La realidad es contundente: mientras algunos siguen buscando cómo desacreditar, la ciudad avanza con respaldo institucional, con recursos concretos y con un liderazgo que se proyecta hacia el futuro. Lo único que les queda a los críticos es seguir echando espuma por la boca y tratar de entender que, definitivamente, Cartagena se está transformando.
Hoy, la alianza entre el gobierno nacional y el gobierno local no es un discurso vacío, es un hecho político que abre puertas y consolida proyectos. Y aunque a muchos les incomode, la verdad es que la ciudad está en movimiento, con seguridad, con obras y con visión de futuro.
El anuncio de recursos para la Vía Perimetral y el Gran Malecón del Mar no es un simple gesto político, es la confirmación de que el gobierno nacional está dispuesto a invertir en la ciudad y a respaldar proyectos que cambian la vida de la gente. Esa es la diferencia entre la retórica vacía y la acción concreta: mientras algunos critican, otros gestionan y entregan resultados.
Los “boca de champú” que apostaban al aislamiento del alcalde Turbay hoy se enfrentan a una realidad incómoda: el presidente no solo lo respalda, sino que lo reconoce como aliado estratégico para sacar adelante las obras que Cartagena necesita. Esa alianza, lejos de ser un capricho, es una respuesta a las demandas de los ciudadanos que exigen seguridad, movilidad y desarrollo.
En este escenario, la oposición basada en rumores y ataques personales pierde fuerza. La ciudadanía no quiere discursos de división, quiere soluciones. Y cuando las soluciones llegan con cifras, cronogramas y proyectos palpables, la crítica sin fundamento se convierte en ruido de fondo que poco aporta al debate público.
