Por Rubén Rodríguez
Por estos días el término Boca de Champú hace carrera en Cartagena. Lo cierto es que la ciudad no se detiene ni se detendrá por esas palabras huecas que algunos repiten; al contrario, cada obra, cada proyecto y cada transformación los expone aún más. Seis ministros ya han sido testigos de este proceso y, todo indica, que el próximo viernes el propio presidente Abelardo De La Espriella confirmará con su presencia el respaldo a la transformación que vive la Heroica. Eso es lo que incomoda a los Boca de Champú: que el progreso sea tangible, que el apoyo sea real y que la ciudad avance mientras ellos se atragantan con su espuma.
Nos dimos a la tarea entonces de armar un decálogo para identificar a un Boca de Champú. Y lo primero que hay que entender es que esa figura vive de la crítica vacía, se alimenta del pesimismo y se enmudece frente a los logros. Mientras Cartagena avanza y recibe reconocimiento nacional, ellos sienten envidia y se ahogan con su propia espuma. Preste atención: puede tener uno al lado y no haberse dado cuenta todavía.
- Nunca reconoce un avance en Cartagena; su misión es encontrar el punto negro en la pared blanca. Cree que todos le prestarán atención cuando sale con el cartapaso de hojas cuestionando y gritando a los cuatro vientos.
- Sus redes sociales son un muro de lamentos y de sarcasmos que no llevan a nada. Jamás hay una palabra positiva hacia la administración distrital o para una ciudad que se transforma.
- Disfruta cuando la ciudad tropieza y solo se siente bien cuando a Cartagena le va mal.
- Con su boca llena de espuma lanza barbaridades sin filtro, como si la exageración fuera argumento. Ó suele utilizar sus medios digitales para hacer eco de la espuma que expulsan.
- Casi siempre presume tener datos internos de la administración porque otro ‘boca de champú’, al interior de la alcaldía, le sopla rumores. No entiende que eso es solo bulla y no suma ni contribuye para construir.
- Cree que todo está fríamente calculado, como si la administración viviera pendiente de sus delirios conspirativos.
- Cuando a nivel nacional reconocen la transformación de la ciudad, se traga la lengua y guarda silencio.
- En los medios digitales parece que les hubiera dado “artritis en los dedos” para escribir cuando las noticias son buenas; solo se activa para la crítica destructiva.
- Sueña con que las obras fracasen, porque su satisfacción está en el caos y no en el progreso.
- Se cree con la autoridad de decir y sentenciar, aunque su voz no represente más que espuma pasajera.
Si alguna vez se encuentra frente a un Boca de Champú, no lo dude: tome acciones inmediatas y apártese. No permita que su espuma de negatividad contamine su visión ni su compromiso con la ciudad. Escuchar sus palabras huecas es perder tiempo y energía; lo verdaderamente valioso está en seguir apoyando las obras, los proyectos y las transformaciones que hacen avanzar a Cartagena.
