La tarde de ayer marcó un hito en la historia cultural de Cartagena. Lo que comenzó como una promesa de gobierno se ha convertido en una realidad vibrante: la Plaza de Variedades, un espacio que ha devuelto a la ciudadanía un escenario propio para encontrarse, expresarse y reconocerse en su diversidad artística.
Durante décadas, las manifestaciones culturales de la ciudad se vieron relegadas a espacios improvisados o limitados. El Teatro Heredia y el Centro de Convenciones, aunque importantes, no lograban abarcar la riqueza y pluralidad de las expresiones cartageneras. Hoy, en cambio, la ciudad cuenta con un lugar emblemático, amplio y hermoso, que ha permitido que lo oculto, lo olvidado y lo marginado resurja con fuerza.
La inauguración fue un espectáculo conmovedor: el Bullerengue ancestral se mezcló con ritmos urbanos contemporáneos, mostrando que Cartagena es tanto tradición como modernidad. La plaza, llena a reventar, fue testigo de un público que no solo asistió, sino que celebró con orgullo su identidad cultural. La ciudadanía, tranquila y civilizada, disfrutó de cada presentación, demostrando que el arte también es un vehículo de convivencia.
En la tarde de ayer, el DJ Dever y otros intérpretes de ritmos urbanos se presentaron en la plaza, sorprendiendo a propios y extraños. Nadie se imaginaba lo que estaba ocurriendo: un sitio tan emblemático y espectacular, con una afluencia masiva de ciudadanos, dejaba a todo el mundo con la boca abierta. Fue la confirmación de que la plaza no solo es un espacio para las tradiciones, sino también para las nuevas generaciones y sus expresiones musicales.
Más allá de las críticas que puedan surgir, lo cierto es que la mejor encuesta es la gente misma. Y la gente ha hablado: la Plaza de Variedades es un éxito rotundo. Es un triunfo del gobierno local, sí, pero sobre todo es un triunfo del pueblo cartagenero, que ahora tiene un escenario digno para mostrar su talento y su creatividad.
Este espacio no es solo infraestructura; es memoria recuperada, es identidad fortalecida, es futuro cultural. Que la plaza siga siendo el epicentro donde Cartagena se mire a sí misma y se proyecte al mundo. Porque lo que ayer vimos no fue solo un espectáculo: fue la confirmación de que la cultura, cuando se le da un lugar, florece con una fuerza asombrosa.
