La ejecutoria del alcalde DumeK Turbay en Cartagena ya no es un secreto ni un rumor pasajero: es una realidad que la ciudadanía ha interiorizado y que se comenta con orgullo en cada esquina. Con contadas excepciones de opositores que miran desde otra óptica, el 99.9% de los cartageneros reconoce que la ciudad vive un proceso de transformación visible y sostenido.
Lo más significativo es que esta gestión ha trascendido las murallas y el mar Caribe. Columnistas de peso nacional, visitantes de otras regiones y analistas han coincidido en señalar que Cartagena se ha convertido en un referente de buen gobierno. Las obras, la recuperación de espacios públicos, la lucha contra los huecos, la seguridad y la educación son hoy elementos que se estudian y replican en otras ciudades del país.
La llamada “cuadrilla del alcalde” y la guerra contra la basura y la inseguridad han dado paso a parques, plazas y entornos que antes eran tugurios y hoy son lugares de encuentro ciudadano. Ese es el verdadero triunfo: devolverle a la gente espacios dignos y seguros, convertir la ciudad en un escenario de convivencia y disfrute.
Cartagena ya no vive episodios aislados de progreso. Vive un proceso, un modelo de gestión que llama la atención y que inspira a Colombia entera. El reto ahora es garantizar continuidad, evitar que los ciclos de abandono regresen y consolidar esta senda de transformación.
El deseo de los cartageneros y de los colombianos es claro: que Cartagena siga siendo ejemplo, que la ciudad continúe en esta ruta de dignidad y progreso. Porque cuando Cartagena avanza, avanza también la esperanza de todo un país.
