El pasado martes, un noticiero nacional sorprendió a la audiencia con una nueva sección en la que un reportero recorre ciudades del país en bus, transmitiendo informes sobre la realidad local. En su paso por Cartagena, la cobertura generó desconcierto y malestar: lo que se mostró fue una selección de problemas históricos, sin contexto ni balance, dejando en segundo plano los avances y transformaciones que la ciudad viene consolidando.
Es cierto que Cartagena enfrenta retos de décadas, algunos con más de 30 o 40 años de arrastre. Pero también es cierto que desde hace dos años se ejecuta un plan de desarrollo que prioriza las zonas más vulnerables y que ya empieza a mostrar resultados concretos. Obras, programas sociales y proyectos de inclusión avanzan con esfuerzo y sacrificio de la ciudadanía y las instituciones. Ignorar estos logros es desconocer la realidad completa.
El periodismo responsable exige rigor, equilibrio y respeto por las comunidades. No se trata de ocultar las dificultades, sino de narrarlas con contexto, reconociendo también los pasos hacia la solución. Mostrar solo lo negativo no es informar: es sesgar. Y ese sesgo, transmitido en un medio nacional, afecta la imagen de una ciudad que trabaja día a día por renovarse y por ofrecer mejores condiciones a sus habitantes.
Cartagena no pide complacencia, pide justicia informativa. Pide que se reconozca su esfuerzo, que se muestre su transformación y que se entienda que comunicar es también construir confianza y esperanza. La ciudadanía merece que se cuente su historia completa: la de los problemas que aún persisten, pero también la de los avances que dignifican y que abren camino hacia un futuro distinto.
Ojalá este episodio sirva para reflexionar sobre el papel de los medios en la construcción de país. Porque Cartagena, como Colombia entera, necesita voces que informen con responsabilidad, sin campañas negativas ni miradas parciales. La ciudad merece ser narrada con verdad, con equilibrio y con respeto.
