Por Rubén Darío Rodríguez
La televisión pública en Colombia fue creada para ser un reflejo de la nación. Era un espacio donde las familias se sentían identificadas y las regiones se conectaban. Sin embargo, en los últimos años, este propósito se ha perdido. La televisión pública se ha convertido en un escenario de conflicto y división política.
Bajo la dirección de Hollman Morris, durante el gobierno del expresidente Gustavo Petro, se priorizó la división sobre la unión. Se olvidó lo que realmente importa en un medio público: ser un lugar de encuentro. Hoy más que nunca, necesitamos que la televisión pública vuelva a ser un reflejo de la diversidad de Colombia. Debe mostrar la riqueza cultural de nuestras regiones y crear historias que unan a la gente en lugar de separarla.
Los hogares colombianos merecen ver reflejada su realidad en documentales y producciones que muestren el talento, las luchas y los sueños de nuestro país. Para lograr esto, contamos con profesionales capaces y experimentados. Personas como José Jorge Dangond y Eduardo Osorio, que han demostrado su liderazgo, o Rubén Salas Blanco, quien tiene la experiencia necesaria para darle un nuevo rumbo a la televisión pública.
La televisión pública no debe ser un instrumento de división. Debe ser un puente entre regiones, un espacio donde se escuchen todas las voces y se promueva la identidad nacional. Colombia necesita ver su verdadera imagen en la pantalla. Un país diverso, vibrante y unido.
La televisión pública debe volver a ser un espacio de pluralidad, donde las historias de todas las regiones sean contadas y se conviertan en protagonistas. No se trata solo de transmitir contenido, sino de crear un relato nacional que reconozca la diversidad cultural, étnica y social de Colombia. Cada departamento tiene historias que merecen ser contadas y que pueden fortalecer el sentido de pertenencia de los ciudadanos.
Es fundamental que la televisión pública se aleje de la propaganda política y se concentre en producir contenido educativo, cultural y de entretenimiento que eleve el nivel de la conversación nacional. Los colombianos necesitan programas que informen con rigor, que inspiren con creatividad y que promuevan el respeto por la diferencia. Solo así se logrará que la pantalla sea un espacio de encuentro y no de conflicto.
La tecnología y las nuevas plataformas ofrecen una oportunidad única para que la televisión pública se reinvente. Integrar formatos digitales y multiplataforma permitirá llegar a las nuevas generaciones y conectar con audiencias que hoy consumen contenido en redes sociales y servicios de streaming. La clave está en combinar tradición y modernidad, sin perder de vista el objetivo principal: unir al país.
La televisión pública tiene la responsabilidad de volver a ser el reflejo de Colombia. Con liderazgo renovado y el talento de profesionales experimentados, puede convertirse en un motor de integración nacional. El reto es grande, pero la recompensa lo es aún más. Un país que se reconoce en su diversidad y que encuentra en su pantalla común un motivo para sentirse unido.
