Por Rubén Rodríguez G
En Cartagena, los aspirantes a la Alcaldía parecen haber descubierto un nuevo escenario de campaña: las redes sociales. Allí se muestran como periodistas, analistas, sociólogos, ambientalistas y hasta gurús de soluciones mágicas. En cada transmisión en vivo, en cada publicación, tienen la respuesta para todos los males y la fórmula para todas las preguntas.
El problema es que confunden los “likes” con votos. Creen que la aprobación digital se traduce automáticamente en respaldo electoral, cuando en realidad la estrategia está mal planteada. Ninguno está haciendo algo distinto: todos repiten el mismo libreto, las mismas promesas, los mismos diagnósticos. La homogeneidad se convierte en ruido y la ciudadanía empieza a desconectarse.
La política no se gana con discursos en streaming, sino con trabajo en territorio. Es necesario cambiar la mirada y comenzar a escuchar a las comunidades, entender lo que están queriendo decir. Y lo que expresan con claridad es la necesidad de darle continuidad a un programa que ha permitido la transformación de la ciudad.
En otras palabras, Cartagena no necesita candidatos que improvisen desde un set digital, sino líderes que reconozcan el valor de lo avanzado. La administración de Dumek Turbay Paz ha trazado un camino de resultados tangibles, y la ciudadanía espera que ese rumbo no se interrumpa.
Los candidatos deben dejar de ser “todólogos” de redes y convertirse en gestores de continuidad. Porque gobernar no es acumular seguidores, es garantizar que las obras, los programas y la confianza ciudadana se mantengan y crezcan.
Los ciudadanos no buscan candidatos que se disfracen de expertos en cada disciplina, sino líderes capaces de construir confianza y demostrar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. La política local requiere menos espectáculo y más compromiso real, menos diagnósticos repetidos y más acciones concretas en los barrios, en las comunidades que sienten de cerca las carencias y los avances.
El reto está en abandonar la comodidad de los discursos virtuales y asumir la responsabilidad de escuchar, dialogar y dar continuidad a lo que ya ha mostrado resultados. Cartagena no necesita un reinicio improvisado, sino un fortalecimiento de los programas que han transformado la ciudad y que hoy son reconocidos por la gente como una ruta de progreso.
Estas campañas no pueden seguir siendo un concurso de “likes” ni un desfile de todólogos digitales. El verdadero liderazgo se mide en la capacidad de sostener y ampliar las políticas que han dado frutos. Continuar el camino trazado por Dumek Turbay Paz es más que una consigna: es la respuesta que Cartagena espera frente a la repetición de promesas vacías.
