Por Rubén Rodríguez

Solo el tráiler de la película SONIDOS DE LIBERTAD me ha suscitado la gran expectativa de esperarla en las salas de cine colombiano para ir a verla y constatar que lo que plantea el film no es falso. La ciudad de Cartagena efectivamente es el escenario propicio para el tráfico de menores y para que los pedófilos lleguen por doquier a esta capital sin que las autoridades asuman un compromiso de verdad y no un show mediático como han querido convertir todo lo concerniente a esta situación.

Se rasgan las vestiduras intentando demostrar que Cartagena lucha contra uno de los delitos más graves de la humanidad mientras que algunos pequeños alegran los festejos del Centro Histórico o se pasean por las calles mendigando un pedazo de pan para comer. La degradación de este importante escenario de la ciudad es total y con el paso de los días el centro de Cartagena da asco. Con la anuencia de una autoridad permisiva y tarda en actuar han dejado que se transforme en la Sodoma y Gomorra de Latinoamérica.

La película se estrenó el pasado 4 de julio. Y en una de las escenas del film muestran A Jim Caviezel, protagonista de la película trotando, recorriendo las calles de la ciudad de Cartagena. Solo hasta hoy esas imagenes las han visto 4 millones 500 mil personas. Una labor que ninguna entidad turística hasta el momento ha logrado en su propósito de promover un destino turístico como el nuestro. La producción de Eduardo Verastegui ha vuelto a desnudar la ciudad y ha colocado el dedo en la llaga. El debate está abierto.

Hoy no hablamos de entidades que como Funcicar o Cartagena Cómo Vamos intentan demostrar la crítica situación que se vive. Estamos ante un escenario vergonzoso y claro que pone ante nuestros ojos la incompetencia de una administración que como la de Dau no fue capaz de hacer nada frente al problema de la trata de niños, del mercado de personas y que solo lo utilizaron, en su momento, como una estrategia para salvarle la cabeza a la inoperante y negligente secretaria del Interior Ana María González.

Recuerdo muy bien que con la amenaza de aplicar la moción de censura a la funcionaria dijeron que había concejales en la ciudad inmersos en delitos de trata de personas. Hasta el sol de hoy no sabemos si se está investigando, no conocemos nombres de los presuntos implicados pero el flagelo crece de manera preocupante sin que nadie asuma o tome el toro por los cachos. Tal vez debemos olvidarnos de estos temas tan cruciales para la ciudad e irnos a ver Barbie porque la vida es color de rosa. ¡Apaga y vamonos!

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