El excongresista conservador Fernando Niño, quien hace pocos meses rompió con su colectividad para sumarse al Pacto Histórico, aparece ahora como ficha clave en la estrategia política de esa alianza en Bolívar. Su papel, según voces críticas, sería cumplir con el “trabajo sucio” que el oficialismo necesita en el Caribe.
Primero fue su aliado Sebastián Blanco, joven veedor del Pacto, envuelto en la polémica del Parque Centenario: un video lo mostró, al parecer, entregando dinero a un librero en medio de la disputa por el deterioro de los módulos de venta. El episodio desató acusaciones de clientelismo y puso en entredicho la narrativa de transparencia que la colectividad intenta sostener.
Ahora, la controversia escala con la denuncia del abogado y candidato presidencial Abelardo de La Espriella, quien señaló la existencia de una red de compra de votos en Bolívar vinculada a sectores del Pacto Histórico. De La Espriella asegura que la maquinaria política en Cartagena y municipios cercanos está operando con recursos y prácticas cuestionables, lo que abre un nuevo frente de tensión en la campaña.
En este contexto, la figura de Fernando Niño se convierte en símbolo de la transición de un conservador sancionado por su partido a un operador político del Pacto. Su rol, sumado a los escándalos de aliados como Blanco y a las denuncias de compra de votos, dibuja un panorama de alta confrontación en el departamento de Bolívar, donde la lucha por el poder se libra no solo en discursos, sino en las calles y urnas.
