Vecinos del barrio Crespo denuncian que la convivencia se ha vuelto insostenible por el parqueo permanente de vehículos en todas sus calles. Lo que empezó como un servicio informal para atender al aeropuerto, hoy es un problema de movilidad, inseguridad y salubridad.
Los residentes aseguran que muchos conductores prácticamente viven dentro de los carros: allí comen, se bañan y hasta hacen sus necesidades, arrojando desechos en andenes y jardines. A esto se suma la contaminación: vehículos diésel que no se apagan permanecen encendidos todo el día, llenando las casas de humo y gases tóxicos.
Las autoridades de tránsito y policía han realizado operativos, pero los vecinos afirman que son acciones episódicas: apenas se retiran, los carros regresan y vuelven a instalarse. «El barrio se siente atrapado en un círculo sin salida, con calles bloqueadas, jardines convertidos en basureros y familias expuestas a riesgos sanitarios y ambientales», asegura Alex Molina quien añade que en la calle Quinta es permanente esta situación.
“También somos cartageneros, también pagamos impuestos y merecemos respeto”, reclaman al unísono los habitantes, pidiendo una solución definitiva que devuelva la tranquilidad a Crespo.
