El 7 de junio de 2025, en pleno mitin en el barrio Modelia de Bogotá, las balas segaron la vida de Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato presidencial del Centro Democrático. Dos meses después, el país confirmaba su muerte en la Clínica Santa Fe. El crimen revivió los fantasmas de los magnicidios políticos y alteró el rumbo de la campaña presidencial de 2026.
Un año después, el panorama político muestra que tanto la izquierda como la derecha no moderan sus narrativas: al contrario, las han endurecido. Las críticas de uno u otro lado se intensifican. Los señalamientos de la violencia, en este año, siguen y muy lejos de abrir un espacio de reflexión, ha sido usado como combustible para profundizar la polarización.
La Fiscalía apunta a la Segunda Marquetalia, disidencia de las FARC liderada por alias Iván Márquez, como responsable intelectual. Se han emitido órdenes de captura contra siete cabecillas, pero aún no se ha esclarecido quién dio la orden final ni cómo se financió el crimen. La viuda de Uribe, María Claudia Tarazona, insiste en que persisten interrogantes sobre el origen del dinero y posibles conexiones internacionales.
Lo último que se regitra hoy es la captura en En Buenos Aires, Argentina de Brayan Ferney Cruz Castillo, implicado en el asesinato del senador y precandidato presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay. El arresto se llevó a cabo tras una alerta de la Interpol, y el sospechoso quedó a disposición de la justicia federal argentina a la espera de su extradición a Colombia.
Con la captura de Brayan la investigación judicial ha permitido nueve capturas y cuatro condenas como alias “El Costeño”; el adolescente de 14 años quien disparó recibió la sanción máxima para menores: 7 años de privación de libertad; Simeón Pérez Marroquín, alias “El Viejo”, fue condenado a 22 años de prisión y Alias “Gabriela”, coordinadora logística, recibió 21 años y dos meses.
El magnicidio de Uribe dejó una herida abierta en la democracia colombiana. La oposición perdió a uno de sus líderes con mayor proyección, mientras la izquierda endureció su discurso. La justicia avanza, pero la verdad completa sigue pendiente. La pregunta que retumba un año después es clara: ¿quién ordenó matar a Miguel Uribe?
