En un reciente panel con alcaldes y gobernadores de la Costa Norte de Colombia, el moderador lanzó una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué le pedirían al nuevo presidente de la República? Lo que no esperaba era que cada mandatario se despachara con una lista completa de solicitudes, dejando al conductor en aprietos mientras el productor le recordaba que en televisión el tiempo es oro.
Las intervenciones reflejaron preocupaciones históricas frente al centralismo y el abandono de la periferia. Entre las propuestas más destacadas estuvo la reactivación del tren regional, concebido como eje de integración para los departamentos, con el fin de dinamizar el intercambio de productos, el turismo y el desarrollo mediante una conectividad moderna.
Un reconocido alcalde planteó que la Costa debe convertirse en el verdadero eje estructurante del desarrollo nacional, con puertos, aeropuertos, infraestructura vial, zonas francas e industria instalada cerca del mar, reduciendo así los altos costos de transporte desde el centro del país hacia los puertos, una de las causas de la baja competitividad nacional.
También se escucharon peticiones urgentes como la “revolución del agua” y la autonomía energética de la región, factores que inciden directamente en la calidad de vida de los costeños y en la competitividad, hoy afectada por los altos costos de los servicios y la dependencia de decisiones tomadas desde el centro del país.
Sin embargo, la solicitud más trascendental fue la relacionada con los indicadores sociales: pobreza, desempleo, desigualdad e inseguridad. Los mandatarios coincidieron en que solo un proceso serio de descentralización administrativa y presupuestal —con transferencias cercanas al 50% y autonomía real en competencias— permitirá que las regiones gestionen directamente sus necesidades y construyan soluciones duraderas.
La discusión también puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer la educación y la salud en la región. Los mandatarios coincidieron en que sin un sistema educativo inclusivo y de calidad, y sin una red hospitalaria moderna y eficiente, cualquier esfuerzo en infraestructura o competitividad se quedará corto. La inversión social debe ser vista como el verdadero motor del desarrollo, capaz de reducir las brechas históricas que han marginado a la Costa Norte frente al resto del país.
Otro punto clave fue la seguridad ciudadana. Los gobernantes advirtieron que la violencia y el crimen organizado siguen siendo un obstáculo para atraer inversión y turismo. Sin un plan integral de seguridad que involucre a las comunidades y que se ejecute con recursos suficientes, será difícil consolidar la región como un polo de desarrollo. La paz territorial, dijeron, no puede depender únicamente de decisiones tomadas en Bogotá, sino de estrategias diseñadas y aplicadas con enfoque local.
Las voces de los alcaldes y gobernadores de la Costa Norte reflejan un clamor profundo por equidad, autonomía y descentralización. Más que una lista de deseos, sus peticiones constituyen una agenda estructural que busca transformar la región en un eje de desarrollo nacional. El reto para el nuevo presidente será escuchar, comprender y actuar, para que la Costa deje de ser periferia y se convierta en protagonista del futuro de Colombia.

La inseguridad ha venido tomada de la mano con la humanidad, desde que ésta empezó a pensar en lo que nunca debió pensar. En el seno engendrado por la vida, surgieron pensamientos desconectados de la realidad humano, tales como: Progreso?; Desarrollo?, Evolución?; Prosperidad?; Superación?. Estas acciones salieron del ego, de la codicia, de la envidia, del miedo, del odio, de la rabia, es decir, estados emocionales o afectivos. Las emociones, son respuestas a estímulos que han impactado la paz y el equilibrio humano. Cuando los pensamientos del hombre se desconectaron de su realidad, nació el caos y la turbulencia en la vida, estas dos características son suficientes para estimular y desequilibrar todo confort social: El hombre empezó a sentirse superior en todo, su razón es el todo y suficiente, nada le es imposible, nada le es inalcanzable. Después se concibió una sombra cercana a la vida comunitaria, y en esta se esfumó la tranquilidad: <>.
Se intuye que, <>. Sí,… porque todo lo que se ha hecho, después de La vida en la Tierra, es decir, hace 3770 millones de años, o lo que es lo mismo, 151 millones de generaciones humanas, ha fracasado, en el intento de dar solución a la inseguridad humana. Podemos decir que es un tiempo más que suficiente, para que esta generación, acepte su incompetencia como actor que se apoya en encontrar solución a la inseguridad humana, con los mismos procedimientos y metodologías antiguas e inútiles. Entonces, debemos iniciar SOLUCIONES desde el punto donde se imparte el control, la paz y el equilibrio de la vida. Dar la solución construyendo una vida en control, paz y equilibrio se logra al soltar la necesidad de dominar detalles y cuando se aprende a gestionar las emociones de forma consciente; tener la capacidad de atender las cosas importantes sin descuidar el bienestar mental; es un un ajuste constante, no de perfección, PERO si de servicio a los demás. Se necesita dar educación básica al ser humano, es el punto de partida. Todos los hogares de Colombia lo requieren, unos más que otros, revertir las conductas emocionales que desencadenan en Ego, Codicia, Envidia, Miedo, Odio, Rabia es fundamental para salir del circulo de las 151 millones de generaciones humanas, que han pasado sin pena ni gloria la inseguridad humana. Son acciones de educación básica humana las siguientes: Humildad y Servicio – Generosidad y Desapego – Alegría por el bien ajeno. – Curiosidad y Acción valiente – Compasión y Empatía – Paciencia y Calma intencional.
Es mi punto y es mi panorama visual, como coadyuvante humano con la solución humana a la inseguridad humana.