Uno de los elementos estructurales de la campaña del alcalde de Cartagena de Indias Dumek Turbay Paz, fue la determinación de que la ciudad se había desarrollado de espaldas al mar y que su programa de gobierno debería conformarse para un desarrollo alrededor del agua.
No era equivocado: los cuerpos de agua de la ciudad, en lugar de ser sujetos de desarrollo y bienestar para los ciudadanos locales y visitantes, eran escenarios de contaminación, abandono, inundaciones y focos de problemas prácticamente insolubles. De hecho, la construcción de la ciudad se realizaba de tal manera, que las edificaciones y clubes de la ciudad tenían paredes contra el mar.
La bahía de Cartagena, de ser azul y cristalina, pasó a ser un cuerpo muerto y contaminado. Igual ocurrió con los parques coralinos de las islas y ciénagas cercanas, por efectos de la deposición imparable de sedimentos provenientes del Canal del Dique. Los caños y lagunas internas de la ciudad se eutrofizaron, llenaron de materia orgánica y murieron por falta de oxígeno disuelto. La vida desapareció de nuestros cuerpos de agua y fue reemplazada por especies invasoras propias de ambientes degradados.
Es por esto que resulta extremadamente satisfactorio ver cómo desde este gobierno se vienen impulsando proyectos y programas para, por fin, poner a Cartagena a vivir de frente al agua y a disfrutar y valorar sus recursos hídricos, una vez recuperados. El impulso al proyecto de recuperación del Canal del Dique es quizá el objetivo mayor, ya que recuperaría la bahía de Cartagena y sus sistemas de ciénagas y parques coralinos como ecosistemas sostenibles, turísticos y polos de desarrollo portuario e industrial.
El Malecón del Mar, proyecto estrella que, en paralelo con el desarrollo de mecanismos de protección costera, agregará valor recreativo y turístico a propios y visitantes, convirtiendo nuestras playas en motor de desarrollo y generación de espacios valorizados para la ciudadanía.
La recuperación de caños y lagunas internas y su consiguiente embellecimiento y adecuación, para pasar a formar parte de los elementos patrimoniales y paisajísticos que conforman la oferta turística de la ciudad, es sin duda alguna un paso de consolidación y reafirmación de la importancia del agua para la ciudad, su disfrute y su desarrollo. Poco a poco nuestros sistemas hídricos y sus entornos comienzan a presentar un espectáculo verdaderamente colorido y atractivo.
Las Chambaculeras, Puerto Duro, el Caño Juan Angola, el Lago del Cabrero y el transporte acuático en la bahía son y serán el desarrollo potencial de Cartagena de frente al agua. Cartagena está dando un giro histórico al reconocerse como una ciudad que debe vivir de frente al agua. La recuperación de sus cuerpos hídricos, el impulso al Canal del Dique, el Malecón del Mar y la revitalización de caños y lagunas internas no solo representan acciones ambientales, sino también una apuesta por el desarrollo sostenible, turístico y social. Este proceso de transformación reafirma que el agua, antes símbolo de abandono y contaminación, hoy se convierte en el eje de un futuro más próspero, colorido y atractivo para la ciudadanía y sus visitantes.
