El sainete del suministro de energía eléctrica a la costa norte de Colombia, parece que no tiene fin. Desde finales del siglo pasado, cuando las electrificadoras de la costa fueron feriadas al mejor postor, hasta le reciente resolución de la CREG, emitida con ocasión del fenómeno del niño, en la que castiga por aumentar el consumo a las regiones más calientes del país, como lo son las costeras, es mucho lo que ha tenido que sufrir esta olvidada región del país.
Primero fue el advenimiento de Electricaribe, un desafortunado invento que no nos dio un solo día de tranquilidad y que, al ser intervenida, dejo prácticamente acabados todos los equipos y ni un solo peso para reposición. Con argumentos tan peregrinos como, la extensión del área a servir, la longitud de las líneas de transmisión y la falta de pago de los usuarios, excusó su mediocre administración y operación errática e ineficiente.
La cura fue peor que la enfermedad y desde el mismo plan de desarrollo Duque, se trazaron las líneas estratégicas para darle a la costa caribe el golpe de gracia, al permitir que las nuevas empresas Afinia y Aire, recuperaran vía tarifa los costos de reposición de los equipos que había acabado Electricaribe y que, adicionalmente, recuperara igualmente vía tarifa, las pérdidas técnicas y no técnicas propias de esta operación. La aplicación de esta norma llevó a que el Kilovatio de la costa fuera el más caro del país, y dio origen al proceso de inconformidad y rechazo, que desde 2024 vienen liderando los gobernantes de la región caribe.
Lo que nadie jamás se imaginó es que, no contentos con la situación dramática de la costa y a contrapelo del más elemental sentido de lógica, se produjera una resolución absolutamente disparatada en la que, en pleno fenómeno del niño, cuando las temperaturas en la costa aumentan 16 grados por encima del punto de confort, se pusieran multas a los usuarios que incrementaran su consumo por encima de promedios anteriores.
Si fueran unas personas profanas en la materia, de pronto cabría darles el beneficio de la duda, por falta de conocimiento sobre el tema, pero que sean los superexpertos en regulación energética, a los que el gobierno paga altos salarios por producir medidas sesudas y equilibradas para el bienestar de los colombianos, los que hagan este tipo de propuestas, es lo que le da el mayor colorido a esta comedia bufa en donde, lo cómico combina con lo grotesco y lo absurdo, generando una mezcla de asombro con burlas y preocupación por un futuro incierto. Ojalá y sea unánime el rechazo de todos los costeños y tan fuerte que saque del ensimismamiento a los comisionados y los transporte a la realidad de 40 grados a la sombra, del querido caribe colombiano.
La indignación en la Costa Caribe no es un capricho regional, sino la consecuencia de décadas de improvisación y decisiones regulatorias que han castigado sistemáticamente a sus habitantes. La reciente resolución de la CREG, que sanciona el aumento de consumo en medio de temperaturas extremas, es la muestra más clara de un centralismo desconectado de la realidad territorial. Mientras los usuarios soportan facturas impagables y un servicio deficiente, los comisionados parecen legislar desde un laboratorio aislado, sin comprender que en la costa la energía no es un lujo, sino una necesidad vital para sobrevivir al calor sofocante.
El sainete eléctrico se ha convertido en un símbolo de desigualdad y abandono estatal. La Costa Caribe, que aporta riqueza cultural y económica al país, sigue siendo tratada como una periferia olvidada, obligada a financiar con sus tarifas los errores de administraciones pasadas y presentes. La respuesta ciudadana no puede ser otra que la unidad y el rechazo firme, para exigir un modelo de regulación que respete las condiciones reales de la región y garantice un servicio digno. Solo así se podrá poner fin a esta tragicomedia que mezcla lo grotesco con lo absurdo y que amenaza con perpetuar la injusticia energética en el Caribe colombiano.
