Me contactaron unos amigos chilenos para pedirme que usara mis influencias, de mi época en Cartagena de Indias, a ver si era posible que los ayudara a conseguir una embarcación, para estar en el festival náutico, ya que estarán en la ciudad para las fiestas del once de noviembre de la independencia.
Les dije que en realidad desde hace tiempo no estaba en el país y que estaba un poco perdido del famoso festival, el cual comenzó apenas hace tres años, con el gobierno de Dumek Turbay. Obviamente les prometí contactar a unos amigos y hacerles la correspondiente investigación. Algo que me desconcertó un poco, fue que me contaron que habían charlado varias embarcaciones que, rápidamente les eran birladas por gente que pagaba más y de inmediato, asegurando el negocio, con pagos anticipados.
La realidad es un poco más complicada debido, principalmente, al prestigio ganado por el impresionante festival, que cada año trae artistas de talla mundial de mayor calibre. Poco a poco me fui enterando que, en la región del Caribe, mucha gente poseedora de yates, cuadra sus travesías de mar, para coincidir en la ciudad con el festival y disfrutar al mismo tiempo de un buen paseo, unas vacaciones y, obviamente deleitarse en Cartagena de Indias, con unas fiestas a las que asisten miles de personas de la región, el país y muchos turistas internacionales.
Algo que me pareció muy interesante de las informaciones recaudadas, es que Cartagena en esas fiestas, se vuelve epicentro del Jet Set nacional, y que muchos funcionarios y gobernantes se dan sus mañas, para hacerse invitar y no perderse la prestigiosa cita. Esta desmesurada concurrencia es la que, indiscutiblemente, ha generado una demanda de embarcaciones que supera todos los cálculos y que, por supuesto, es la responsable de los altos valores de arriendo de un equipo de altos costos de adquisición y operación.
Quizá algo poco comentado, porque a todos sin excepción agrada, es la impresionante parrilla de artistas que regala la ciudad a los visitantes. Y cuando digo regala no es retórico: El espectáculo presentado por la ciudad a los asistentes es totalmente gratuito. Es decir, algo que en cualquier lugar del mundo costaría ente cuatrocientos y mil dólares, se presenta sin cobrar un solo peso. No es difícil entender entonces el porque de las dificultades de mis amigos chilenos, para derrotar la gran demanda de embarcaciones.
Les recomendé algunas páginas y direcciones, para ver si de pronto lograban capturar una chalupa de algún arrepentido de última hora y quizá, como último recurso, les propuse observar el espectáculo desde el Bololó del Arsenal, cómodamente sentados y tomando cocktails, en uno de los tantos sitios de la emblemática calle.
