Hoy se cierra un ciclo trascendental en la historia de Cartagena la Heroica. Hoy desparece un mito, una leyenda, una cultura, una tradición: hoy se acaba Chambacú, legendario y emblemático ícono de la ciudad de Cartagena, más de un siglo después, de dar posada a los primeros negros libertos llegados desde los lejanos palenques de San Basilio.
Siendo originalmente una zona de manglares, rodeada de caños, fue rellenada con cascarillas de arroz, arena, cascajo y caracuchas, para ganar tierra firme sobre el agua y construir las típicas casuchas tuguriales de madera, cartón y otros materiales de desecho que, con el tiempo y las diferentes migraciones de los procesos de violencia del país, se pobló y convirtió en uno de los tugurios más grandes y populares del país y la región.
Bautizado como Chambacú, usando una palabra indígena katía de significado desconocido, fue inmortalizado por el escritor Manuel Zapata Olivella, como símbolo de la resistencia, la lucha y las condiciones de vida de sus habitantes, mayormente afro caribes, quienes, sin saberlo, terminaron colonizando un predio de quien fuera cuatro veces presidente de Colombia Rafael Núñez.
En el año mil novecientos setenta y uno, alegando el gobierno, procesos de modernización urbanística, el barrio comenzó su proceso de reubicación hacia diferentes sectores de la ciudad, actividad que, a pesar del avance logrado, no se concretó y permitió que la situación persistiera, hasta cuando el actual gobierno de Dumek Turbay tomó la decisión última y definitiva, que hoy culmina con el nacimiento del Nuevo Chambacú.
El proyecto conocido como Nuevo Chambacú, es uno de los más complejos que haya realizado la administración Turbay y tiene como objetivo principal, honrar y dejar un testimonio perenne de la existencia de una comunidad, que formó parte de la historia y la cultura de la ciudad y que se caracterizó por su capacidad de resistencia y de lucha contra las adversidades, el abandono y la marginalización. Está concebido como la mayor propuesta de inclusión social de la ciudad, sitio de encuentro y de reconocimiento, en donde la felicidad y la convivencia sean la razón para escribir una nueva historia.
No hay plazo que no se cumpla y deuda que no se pague, dijo en el siglo quince el dramaturgo español Antonio de Zamora, y aún hoy lo repetimos cada vez que algo llega a su fin después de muchas vicisitudes. Se cumplió el plazo del viejo Chambacú y se pagó la deuda histórica que se tenía con este importante grupo humano. Que el nuevo Chambacú sea el comienzo de una nueva era: la de la unión, la armonía y la inclusión.
