El gobierno de Abelardo De La Espriella ha arrancado con un sello claro: presencia activa en las regiones. Ministros y funcionarios se desplazan por el país, cumpliendo la promesa de campaña de gobernar desde los territorios y no desde un escritorio en Bogotá. Esa dinámica, que se traduce en reuniones con mandatarios locales, abre la posibilidad de que las decisiones nacionales se construyan con la voz de quienes enfrentan los problemas en primera línea.
A ese trabajo de las regiones se suma la oportuna reacción frente a las víctimas del reciente terremoto que es otro punto a favor. El trabajo por fases y la recolección de materiales para la reconstrucción muestran un gobierno que entiende la urgencia de atender a los más golpeados y que busca devolver esperanza a las comunidades afectadas.
Las visitas de los ministros a las regiones no pueden quedarse en actos protocolarios. Cartagena y Bolívar necesitan compromisos firmes, acuerdos verificables y agendas claras que permitan a los alcaldes y gobernadores avanzar en tareas concretas. Solo así se dará certeza de que el lema de gobernar desde las regiones se convierte en hechos palpables y no en discursos pasajeros.
La reciente Asobancaria en Cartagena fue un buen ejemplo: la presencia de ministros permitió al alcalde Dumek Turbay establecer acuerdos puntuales en temas estratégicos. Ese debe ser el camino: que cada visita deje resultados medibles y que los compromisos se traduzcan en proyectos que transformen la vida de los ciudadanos.
El inicio es prometedor. Ahora el desafío es sostener el ritmo, cumplir lo pactado y demostrar que la transformación propuesta por el presidente De La Espriella no es solo un ideal, sino una realidad que empieza a caminar.
Además, la articulación con los alcaldes y gobernadores debe ser constante. Cartagena y Bolívar, por ejemplo, necesitan que los compromisos adquiridos en escenarios como la Asobancaria se conviertan en obras, programas y políticas que respondan a las necesidades urgentes de la población. La confianza ciudadana se construye con hechos verificables, no con discursos.
El gobierno de Abelardo De La Espriella ha iniciado con señales positivas y con una narrativa que privilegia la cercanía con las regiones. El desafío será sostener esa dinámica, cumplir los compromisos y demostrar que la transformación prometida no es un ideal lejano, sino una realidad que empieza a materializarse en cada territorio. Gobernar desde las regiones no debe ser solo un lema: debe convertirse en el eje de un nuevo modelo de gestión pública que acerque el Estado a la gente.
