Durante años, Cartagena contempló con preocupante indiferencia cómo el mototaxismo fue apoderándose de calles, andenes, intersecciones y hasta del carril exclusivo de Transcaribe. Lo que comenzó como una alternativa de transporte y una fuente de ingresos para miles de familias terminó convirtiéndose, por falta de controles permanentes, en uno de los mayores desafíos para la movilidad y la seguridad vial de la ciudad.
Hay que decirlo sin rodeos: ejercer el mototaxismo no concede licencia para violar las normas de tránsito. La necesidad de trabajar no puede utilizarse como justificación para pasarse un semáforo en rojo, conducir en contravía, transportar pasajeros sin las mínimas condiciones de seguridad o invadir el carril Solo Bus de Transcaribe.
Por eso deben reconocerse y respaldarse las acciones que viene desarrollando la administración del alcalde Dumek Turbay, a través del Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte, DATT. La autoridad está recuperando las vías y enviando un mensaje necesario: en Cartagena las normas de tránsito no pueden seguir siendo simples recomendaciones.
Los resultados demuestran la magnitud del problema. En marzo de 2026, durante la campaña “Respeta la vida en la vía”, las autoridades inmovilizaron 117 motocicletas e impusieron 240 comparendos por diferentes infracciones. En junio, otro operativo en el carril Solo Bus dejó más de 200 motocicletas inmovilizadas. Y en agosto, los nuevos controles permitieron inmovilizar más de 180 motos e imponer más de 220 comparendos. Son cifras que revelan la persistencia institucional, pero también la preocupante resistencia de algunos motociclistas a respetar la ley.
El carril exclusivo de Transcaribe no fue construido para que motocicletas y vehículos particulares evadan los trancones. Es una vía reservada para buses articulados y padrones, vehículos de gran tamaño que transportan a centenares de ciudadanos y que, por su peso y dimensiones, necesitan una distancia considerable para detenerse. Un motociclista que aparece inesperadamente frente a uno de estos buses no solamente pone en riesgo su propia vida: compromete la seguridad del conductor y de todos los pasajeros.
Las cifras respaldan esta preocupación. Durante 2024, Transcaribe reportó 53 accidentes en el carril exclusivo Solo Bus, con dos personas fallecidas. Para 2025, el sistema informó sobre diez accidentes ocasionados directamente por la invasión de otros actores viales: seis fueron provocados por motocicletas, dos por vehículos particulares y dos por ambulancias que no estaban autorizadas para ingresar.
Además, entre enero y agosto de 2025, la flota de Transcaribe estuvo involucrada en 349 accidentes en toda su operación. De ese total, 45 correspondieron a incidentes con motocicletas, 32 dejaron personas heridas y dos ocasionaron muertes. Aunque la mayoría ocurrió en rutas alimentadoras y pretroncales, en el corredor troncal se registraron 35 incidentes. No son números fríos: detrás de cada accidente hay familias, pasajeros afectados, buses fuera de servicio y recursos públicos que deben destinarse a reparaciones.
Los operativos ordenados por el alcalde Dumek Turbay no deben interpretarse como una persecución contra los mototaxistas. Son acciones para defender la vida, recuperar el principio de autoridad y garantizar el derecho de todos a movilizarse con seguridad. La autoridad no puede aparecer únicamente después de una tragedia; debe actuar antes, prevenirla y corregir las conductas que pueden ocasionarla.
Naturalmente, el mototaxismo también representa una realidad social. Miles de ciudadanos encuentran en esta actividad el sustento de sus hogares. Esa situación merece diálogo, caracterización, oportunidades de formación y alternativas laborales. Pero reconocer su dimensión económica no significa aceptar el desorden ni conceder privilegios para infringir la ley.
Los controles deben continuar todos los días y no solamente durante jornadas especiales. También deben complementarse con cámaras, identificación de placas, campañas educativas y presencia permanente en puntos críticos como Bazurto, Cuatro Vientos, María Auxiliadora y otras zonas donde la invasión del carril exclusivo se ha vuelto recurrente.
El mensaje de la Alcaldía debe sostenerse con claridad: quien conduzca una motocicleta tiene derechos, pero también obligaciones. Puede trabajar, movilizarse y buscar el sustento de su familia, pero debe respetar los semáforos, utilizar casco, portar sus documentos, evitar las maniobras peligrosas y mantenerse fuera del carril Solo Bus.
Respaldar estos operativos es respaldar la vida. Cartagena necesita una autoridad firme, pedagógica y constante. Porque el día en que comprendamos que una señal de tránsito no es un obstáculo sino una protección, habremos comenzado a construir una ciudad más ordenada, responsable y respetuosa. El carril Solo Bus pertenece a Transcaribe; invadirlo no es una travesura ni una “viveza” caribeña: es convertir una vía exclusiva en una peligrosa pista hacia la muerte.
