El gesto del alcalde Dumek Turbay este fin de semana no pasó desapercibido. Sentarse cara a cara con jóvenes señalados de pertenecer a pandillas, sin intermediarios ni discursos de escritorio, es una acción que rompe esquemas en la política local. Cartagena, golpeada por la inseguridad, necesita más que operativos policiales: requiere líderes que se atrevan a escuchar y a tender puentes.
La frase “Me duele la inseguridad” fue el eje de la reunión. Turbay no habló desde la autoridad distante, sino desde la empatía. Reconoció el dolor de los barrios y planteó un mensaje contundente: los jóvenes merecen oportunidades, no balas. Ese tono humano y directo marca la diferencia frente a la retórica oficial que suele quedarse en promesas.
El encuentro fue realista y cargado de voluntad. No se trató de una foto para el recuerdo, sino de un acto de gobierno que buscó abrir rutas de paz. Escuchar a quienes han estado atrapados en la violencia es un paso necesario para desmontar las dinámicas de riñas, sicariato y exclusión que afectan a la ciudad.
Mientras otros optan por criminalizar, Dumek eligió dialogar. Mientras otros ponen más policías, él propone alternativas. Esa apuesta es más compleja, pero también más sostenible. La seguridad no puede reducirse a patrullajes: necesita inversión social, educación, empleo y espacios de convivencia. Aquí se conecta directamente con el plan de gobierno Cartagena Ciudad de Derechos, que busca garantizar dignidad y oportunidades para todos, especialmente para la juventud vulnerable.
El gesto interpela a la sociedad cartagenera. No basta con señalar a los jóvenes como culpables; hay que reconocer las carencias que los empujan hacia la violencia. Familias, instituciones y comunidad deben sumarse a la tarea de desarmar la violencia con opciones reales de vida.
Este encuentro también envía un mensaje político: gobernar implica asumir riesgos, enfrentar los problemas de frente y no esconderse detrás de discursos. El programa de gobierno Cartagena Ciudad de Derechos debe convertirse en políticas sostenidas que transformen la vida de los barrios y así se viene haciendo.
En definitiva, lo ocurrido este sábado es más que un acto simbólico. Es una apuesta por transformar la relación entre el Estado y los sectores más vulnerables. Dumek Turbay abrió un camino distinto. El reto ahora es sostenerlo en acciones concretas que devuelvan la tranquilidad y la esperanza a Cartagena.

