En Cartagena se ha vuelto insólito escuchar voces que cuestionan el uso del cemento en las obras de infraestructura. No sabemos si se trata de torpeza, incapacidad mental o simple desubicación política, pero lo cierto es que resulta irracional que, después de más de dos años de gobierno, todavía haya quienes pretendan que construir sin cemento es posible. El cemento no es un capricho: es la base de toda obra seria, de toda infraestructura que dignifica la vida de los ciudadanos.
El alcalde incluso realizó una encuesta para despejar dudas y la respuesta fue clara: sin cemento no hay infraestructura. Es un material prioritario, exclusivo y necesario. Sin embargo, algunos insisten en convertir esta obviedad en bandera de ataque político, como si negar lo evidente les otorgara protagonismo. Lo que logran, en cambio, es ridiculizarse frente a una ciudadanía que sabe que sus casas, escuelas, hospitales y calles existen gracias al cemento.
Cada vía pavimentada, cada colegio construido, cada parque recuperado es mucho más que un bloque de cemento: es movilidad, seguridad, ahorro de tiempo, calidad de vida y valorización de las viviendas. Negar esos resultados es negar el progreso tangible que la ciudad ha alcanzado. No se trata de kilómetros de concreto, se trata de oportunidades para que Cartagena avance y sus habitantes vivan mejor.
Por eso resulta absurdo que algunos pretendan engañar al electorado con discursos vacíos. ¿Quién puede votar por alguien que rechaza el cemento como herramienta de desarrollo? Nadie en su sano juicio. El ciudadano común sabe que el cemento es sinónimo de progreso, y que sin él no habría escuelas donde educarse ni hospitales donde atenderse. Cuestionar su uso es una táctica tan tonta como inútil.
Cartagena no puede seguir perdiendo tiempo en discusiones absurdas que niegan lo evidente. El cemento no es un lujo ni un capricho: es la columna vertebral del progreso, la herramienta indispensable para transformar la ciudad y dignificar la vida de sus habitantes.
Quien pretenda hacer política cuestionando su uso, no solo se engaña a sí mismo, sino que pretende engañar a un pueblo que exige resultados palpables. La ciudadanía merece seriedad, inteligencia y compromiso, no campañas basadas en bobadas. Cartagena avanza con obras, no con discursos vacíos, y el cemento seguirá siendo símbolo de desarrollo, dignidad y futuro.

