A medida que se acerca el debate electoral para elegir nuestros gobernantes territoriales, tales como alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y ediles, comienzan a aparecer los posibles candidatos, afirmando que, si el pueblo se lo pide, ellos, con mucho gusto, pondrán su nombre y su vocación de servicio a disposición de una ciudad que necesita soluciones que no dan espera.
Algunos dicen que ellos no lo habían pensado, pero en vista de que es la comunidad la que ha sugerido su nombre, estarían dispuestos a sacrificar unos años de su vida, en aras del bien general y a brindar su aporte desinteresado para construir un futuro digno para una ciudad que bien lo merece.
Más allá de estos discursos inspiradores, la realidad es que, con frecuencia aparecen los mismos candidatos de siempre, la mayoría recogiendo firmas, ya que su falta de militancia seria y su trashumancia política, los ponen en la situación de no recibir respaldo político y aval electoral de Ningún partido habilitado para presentar candidatos.
Entre los de siempre que, son candidatos que llevan varios períodos presentándose, hay dos vertientes: los que a mitad de camino renuncian y adhieren a otra candidatura más fuerte que, de ganar le asegurarán cupo en el nuevo gobierno y los que se van hasta el final ahogándose estrepitosamente por la reducida cantidad de votos lograda, aunque se irán con la satisfacción de haberse contado, completado el proceso y ser llamados en adelante como excandidatos.
Hay otro sector de candidatos de estrato un poco más alto, que generalmente tienen ya una carrera política, aunque en declive. Tienen partido político y por lo tanto posibilidad de un aval, están sin duda mejor relacionados, son más reconocidos, debido a sus actividades pasadas de alcaldes, congresistas o funcionarios de algún nivel, aunque este mismo reconocimiento se les convierte en un pesado fardo, cuando el elector les cuestiona su trayectoria pasada y sus pobres aportes a favor de la ciudad. Generalmente terminan como managers de candidatos menores.
Y están los populares y muy de moda Outsiders. Personajes de dudosas trayectorias, tanto en lo público como en lo privado, que generalmente se van a vivir a otras latitudes, desde donde, por arte de magia, se convierten en grandes solucionadores, en los grandes estrategas y en los paladines de la honestidad y el decoro. A veces les suena la flauta y terminan convertidos en los grandes fraudes y las grandes decepciones que jamás se olvidarán. Es por eso que hay que buscar bien. Seguramente habrá muy buenos líderes dispuestos a continuar la transformación.
