Es un secreto a voces. La gestión de William Dau quedó marcada por la escasez de obras y algunas que quedaron inconclusas. Además la constante polémica en torno a los proyectos que anunció durante su administración. ‘Elefantes blancos’ de los que solo quedaron estructuras en obra negra y que la memoria colectiva de la ciudad los mantiene presentes. Los cartageneros la tienen clara: la administración de Dau se ‘cimentó’ sobre sanciones disciplinarias, ofensas y malos tratos y pocos resultados tangibles en materia de infraestructura.
En contraste, la administración de Dumek Turbay ha desplegado un portafolio amplio y diverso de obras que buscan transformar la ciudad. Desde el nuevo puente Manga–Pie de la Popa, diseñado para aliviar la congestión vehicular, hasta la modernización del alumbrado en el Centro Histórico con más de 2.600 luminarias LED. Los proyectos reflejan una apuesta por la movilidad, la seguridad y el patrimonio urbano. La intervención integral del Parque Centenario, con una inversión cercana a $10.000 millones, es otro ejemplo de cómo se han recuperado espacios públicos para el disfrute ciudadano.
Mientras Dau dejó una percepción de improvisación y falta de continuidad, Turbay ha proyectado estabilidad y confianza. Sus obras no solo se concentran en la infraestructura vial, sino también en la recuperación de espacios emblemáticos y en la modernización de servicios básicos como salud y educación. Los planes de intercambiadores viales y drenajes pluviales en sectores críticos como Bocagrande muestran una visión de ciudad a largo plazo, orientada a resolver problemas estructurales que afectan la vida diaria de los cartageneros.
El contraste es evidente: Dau apenas pudo mostrar un par de proyectos cuestionados, mientras Turbay exhibe un catálogo de obras que generan empleo, benefician a cientos de miles de ciudadanos y refuerzan la imagen de gobernabilidad. Aunque enfrenta retos judiciales en algunos frentes, su administración se distingue por la continuidad y la capacidad de ejecutar proyectos de impacto.
Además, la diferencia entre ambos estilos de gobierno se refleja en la percepción ciudadana: Dau dejó una sensación de vacío y frustración, mientras Turbay ha logrado que las obras se conviertan en símbolos de confianza y progreso. La ciudadanía reconoce que, más allá de los anuncios, hoy existen resultados palpables en movilidad, alumbrado y espacios públicos que mejoran la calidad de vida.
En conclusión, Cartagena pasó de una administración marcada por la escasez y la polémica a otra que se caracteriza por la multiplicidad de obras y la búsqueda de modernización. La diferencia entre Dau y Turbay no es solo cuantitativa, sino cualitativa: mientras el primero dejó dudas sobre su capacidad de gestión, el segundo ha convertido las obras en un mensaje de confianza y futuro para la ciudad.

