Por Rubén Darío Rodríguez
En medio de la discusión sobre la tarifa diferencial que tanto se ha reclamado, hay un punto que no puede pasar desapercibido: la pedagogía. No basta con publicar mensajes en redes sociales; la realidad de los barrios exige un contacto directo, humano, cercano. Afinia debe desplegar trabajadores sociales que recorran las calles, casa por casa, explicando cómo funciona el esquema de ahorro y qué beneficios concretos trae para cada familia.
El ahorro de energía no puede quedarse en cifras abstractas. Los usuarios necesitan ver, sentir y comprobar que su esfuerzo tiene un impacto real en la factura. Solo así los llamados “ahorradores ejemplares” se convertirán en referentes comunitarios, en vecinos que inspiran a otros a seguir el mismo camino.
La empresa tiene la responsabilidad de demostrar con transparencia que el ahorro se reconoce y se premia. Que no se trata de un discurso vacío, sino de un compromiso verificable. El reto es doble: educar y convencer. Educar con claridad sobre cómo reducir el consumo sin sacrificar calidad de vida, y convencer mostrando resultados palpables en las cuentas de quienes ya lo lograron.
Sin embargo, para los usuarios la percepción es clara: para Afinia nunca existe el ahorro. Aunque las familias hagan esfuerzos, reduzcan el consumo y cambien hábitos, la empresa no lo refleja en las facturas. Esa sensación de invisibilidad del esfuerzo ciudadano erosiona la confianza y hace más urgente que se adopten mecanismos pedagógicos y de verificación que respalden lo que se promete.
La tarifa diferencial aprobada abre una oportunidad histórica. Pero esa oportunidad solo será efectiva si se acompaña de un trabajo pedagógico constante, que combine la fuerza de las redes sociales con la presencia física de equipos sociales en los hogares. Porque la confianza no se construye con anuncios, sino con hechos que se tocan, se leen en la factura y se comentan en la esquina del barrio.
Afinia debe entender que el ahorro de energía es más que una política: es una cultura que se siembra puerta a puerta. Y en esa siembra, los ahorradores ejemplares son la semilla que puede transformar la relación entre la empresa y la comunidad.
