Cada día son más los habitantes de Cartagena —cartageneros o no— que, por cualquier medio, comienzan a expresar su “mea culpa” como fórmula de arrepentimiento o aceptación de haber cometido errores en sus decisiones y apreciaciones sobre la realidad de la ciudad.
Se escucha especialmente a personas que intentan irrumpir en el mundo de las comunicaciones populares y de las redes sociales, quienes en un arranque de sinceridad, honestidad y seriedad admiten lo equivocados que estuvieron cuando, apresurada y temerariamente, apoyaron propuestas de gobierno como la de William Dau, despreciando el trabajo ordenado y estratégico de Dumek Turbay.
El proyecto de mejoramiento de la entrada a Tierra Baja, complementado con la instalación de una emblemática obra de arte, ha sido el detonante del cambio de parecer de los incrédulos y escépticos. Para ellos, el hermoso panorama de la entrada al corregimiento se convirtió en la masa crítica que reafirmó su convencimiento de que habían estado equivocados y que, realmente, el actual gobierno de Cartagena sí es un promotor de transformación ordenada y un agente de cambio insuperable.
No hace falta ser vidente para observar el proceso de transformación de la ciudad, no solo en infraestructura instalada o en proceso de instalación, sino en la forma como la calidad de vida de los cartageneros se potencia cada vez más. Elementos del diario vivir que antes perturbaban la tranquilidad —huecos en vías, inundaciones, trancones, semáforos dañados, colas para atención médica, escuelas en mal estado, alimentación deficiente en centros educativos y personas en condición de calle no atendidas— hoy son recuerdos de una época de mediocridad y falta de liderazgo que nadie quiere repetir.
Este gobierno lo dijo desde el primer día: “No lo haremos todo, pero sí haremos mucho”. Y así ha sido. Seguramente faltarán cosas por hacer y mucho por trabajar, pero ese será el elemento que pondrá a prueba el buen juicio y la capacidad de análisis de los cartageneros en la elección que se avecina. De su decisión sabia e informada dependerá que el cambio y las transformaciones sigan en manos de dirigentes inspirados, o que regresen los vendedores de ilusiones y profesionales del engaño.
Qué bueno que los ciudadanos comiencen a generar este proceso de valoración y apoyo al camino que se viene dando en la ciudad y que, sin duda, deberá continuar.
