La frase se le atribuye a Napoleón Bonaparte: Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error. Todo parece indicar que la política tiene frases que se convierten en símbolos. Una de ellas, lanzada por el Rey Juan Carlos a Hugo Chávez en plena cumbre iberoamericana —“¿Por qué no te callas?”—, parece encontrar eco en la coyuntura nacional actual.
Hoy, cada vez que el presidente Gustavo Petro toma la palabra, muchos sienten que sus discursos no generan confianza sino desgaste, y que ese ruido político está siendo capitalizado por el candidato Abelardo de la Espriella.
El fenómeno es claro: Petro habla, pero quien gana terreno es su opositor. La narrativa presidencial, cargada de advertencias y promesas de transformación, se enfrenta a un electorado que percibe más incertidumbre que certezas. En ese vacío, De la Espriella aparece como receptor del desencanto, transformando cada intervención del mandatario en un argumento a su favor.
No se trata únicamente de estilos de comunicación. La política es también percepción, y en Colombia la percepción de cansancio frente al discurso presidencial se traduce en oportunidades para quienes saben leer el malestar ciudadano. Iván Cepeda, aliado del gobierno, seguramente observa con preocupación cómo cada palabra de Petro se convierte en munición para el adversario.
La frase “¿Por qué no te callas?” no es solo un exabrupto histórico, sino una advertencia sobre el riesgo de la sobreexposición. En tiempos de hipercomunicación, hablar demasiado puede ser tan dañino como no hablar. La saturación de mensajes, sin resultados tangibles que respalden las palabras, abre espacio para que otros capitalicen la frustración.
El tablero político colombiano está marcado por un contraste: un presidente que insiste en marcar agenda desde el discurso y un candidato que crece precisamente gracias a ese discurso. La pregunta de fondo es si el país está escuchando propuestas o simplemente reaccionando al ruido. Porque en ocasiones, el silencio estratégico puede ser más poderoso que cualquier palabra.
En definitiva, la política no solo se juega en las plazas y en los programas de gobierno, sino también en la manera de comunicar. Y hoy, cada intervención de Petro parece confirmar que, en la arena electoral, hablar demasiado puede ser el mejor regalo para sus opositores.
