Por Danilo Contreras

Hace unos años devoré, literalmente, el aclamado best seller de Yuval Noah Harari “21 lecciones para el siglo XXI”; ahora algunas reflexiones sobre el futuro de Cartagena y Bolívar me han hecho volver sobre esa obra visionaria que explora el presente y futuro de este siglo cargado de desafíos para la humanidad.

Pero además, la relectura de las “21 lecciones…” ha estado motivada por un par de conversaciones sostenidas con Maomar Montes Mercado, joven abogado, especialista en Derecho Administrativo, programador y candidato a magister en Derecho Digital, oriundo de Cartagena, que actualmente ejerce su profesión y estudia su maestría en la ciudad de Bogotá. Maomar es hijo de una gran lideresa feminista que hace poco perdimos. No dudo que el liderazgo que ya despunta con este novel profesional tiene vena en el espíritu de compromiso de nuestra inolvidable Inilse Mercado.

Los altos estudios que cursa Maomar Montes le hacen un “pilo” de los temas de la 4ta Revolución Industrial, al tiempo que le generan inquietudes sobre el retraso de Cartagena y Bolívar en estos temas que marcan la modernidad.

Justo por compartir con él tales inquietudes le he expresado la necesidad de que líderes jóvenes como él y muchos otros, empuñen las banderas de la innovación tecnológica para constituirlas en temas de primera línea de la agenda pública en el próximo debate electoral.

Recordé entonces una frase subrayada en el texto de Yuval Noah Harari al que nos referimos, en la que el autor se queja de que “La disrupción tecnológica NO constituye siquiera un punto importante en los programas políticos”.

Ese diagnóstico tiene lugar también, por supuesto, en Cartagena y Bolívar.

Hace unos días en una columna referida al proyecto de modernización del Distrito que cursa hoy en el Concejo de la ciudad, critique que la “visión estratégica” en la que se funda toda re estructuración, repite, sin originalidad alguna, aquel estribillo de que Cartagena es una ciudad cuya vocación es industrial, turística y portuaria, dejando por fuera otras múltiples posibilidades actuales que tiene esta metrópoli, no sólo por las ventajas competitivas que le da su ubicación e historia, sino por el talento y la pujanza de su gente. Eso se traduce en que la institucionalidad proyectada NO prevé apalancar otras expresiones del desarrollo local.

Pensé, repasando ese objetivo estratégico de la reforma a la administración Distrital, que nunca, con esa miope visión, podríamos alcanzar a Medellín, por ejemplo, en donde existe una institucionalidad y una política pública, tanto en el municipio como en EPM, que impulsa en ese territorio “el valle del software” como una alternativa de transformación de la visión del desarrollo, que con razón pone a la capital de Antioquia como una de las ciudades inteligentes con reconocimiento en el mundo. En Cartagena y Bolívar, seguimos amarrados a los viejos modelos de desarrollo que privilegian sólo los intereses de unas élites que olvidaron el sentido de las palabras “Innovación con inclusión”.

En la conversación aún inconclusa con Maomar Montes, hemos ido concluyendo que es urgente que el tema de la 4ta Revolución Industrial y las innovaciones tecnológicas tengan un lugar de privilegio en el debate público que se avecina por cuenta de las elecciones regionales de 2023.

Esto es inaplazable, pero brilla por su ausencia en el vocabulario de los dirigentes que aspiran desde ya a los cargos públicos. Y es inaplazable porque en sociedades tan desigualitarias y excluyentes como Cartagena y Bolívar, la ciencia, la innovación y la tecnología pueden eregirse en herramientas eficaces para superar brechas. De NO hacerlo, esto es, en caso de que los líderes no se apropien de la necesidad de construir sociedades del conocimiento, la tecnología puede jugar un papel contradictorio en la vía de profundizar desigualdades.

Yuval Noah Harari, dedica un capítulo de su obra citada al tema de la “igualdad” y lo inaugura con esta frase: “Quienes poseen los datos poseen el futuro”. En ese hilo de argumentos, el autor sostiene que quienes tienen el poder de la tecnología, bien podrían acentuar su preponderancia, llegando al punto de plantear un escenario en el que la biotecnología, verbigracia, alargaría la vida y mejoraría la salud de una pequeña élite que puede acceder a tales conocimientos, dejando al ciudadano común, que está imposibilitado para utilizar tales avances, en una condición de inferioridad insuperable.

Al respecto agrega: “En el siglo XXI los datos eclipsarán a la vez la tierra y la maquinaria como los bienes más importantes, y la política será una lucha para controlar el flujo de datos”, para concluir que es preciso enfrentar los inmensos retos de las revoluciones de la biotecnología y la infotecnología, entre otros, como un verdadero “desafío político”.

Esbozamos un par de ideas acerca de cómo podemos empezar a plantearnos este “desafío político” consistente en lograr que en Cartagena y el departamento de Bolívar se desarrollen verdaderas sociedades del conocimiento para la igualdad y la justicia social.

En Cartagena es fundamental que la visión del modelo de desarrollo se transforme y privilegie entre uno de sus objetivos estratégicos avanzar en la 4ª revolución industrial.

Un buen punto de partida podría ser una idea lanzada desde el proyecto ciudades sostenibles del BID para Cartagena, la cual sólo se enunció como “Bahía Digital”, pero dándole contenido al concebir toda una política que lleve innovación a nuestra juventud y la preparé para los tiempos que vienen y los que ya están aquí, y que además fortalezca un cluster de servicios cuyo objetivo principal puede ser promover la innovación tecnológica como elemento de competitividad, eficiencia, sostenibilidad, seguridad y protección en el sector logístico y portuario de Cartagena para facilitar la transición de ese renglón hacia una economía de 4ª revolución industrial.

En Bolívar es menester llevar conectividad a todos los rincones de la provincia, desde la Bahía de Cartagena hasta Cerro Burgos en el sur, buscando los municipios de Santa Rosa, Simití o San Pablo, entre otros distantes pero presentes en una nueva visión del progreso departamental. El énfasis, o mejor, el piloto debe centrarse en la modernización de la agricultura. Creemos que podemos dar un gran impulso a la innovación digital y comenzar a cerrar la brecha de ingresos, equipando a nuestros campesinos para recibir asistencia técnica personalizada para cada tipo de cultivo mediante simples mensajes de texto o de voz.

Existe evidencia de que ese tipo de asistencia pueden cambiar las prácticas de los agricultores, mejorándolas. También se tiene cada vez más evidencia que demuestra que los agricultores que son empoderados con información digital aumentarán los rendimientos de sus cosechas, sus ingresos, y su resiliencia frente a las crisis. (Agronet).

Cierro con esta otra frase de Harari: “Para estar a la altura del mundo de 2050, necesitaremos no sólo inventar nuevas ideas y productos, sobre todo necesitaremos reinventarnos una y otra vez”.

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