Con sello nacional y reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia, la champeta nos obliga —desde la Región Caribe y en especial desde Cartagena y Bolívar— a velar por su preservación. No se trata solo de un género musical: es un bien cultural que nos ha permitido mostrarnos ante el mundo con autenticidad y orgullo. La entrega oficial del Plan Especial de Salvaguardia (PES) a los portadores tradicionales marca un paso histórico en la defensa de esta expresión popular.
Pero hablar de champeta es hablar de raíces, de himnos que rompieron barreras. Y si hay un punto de partida o de inflexión para quien quiera ingresar a este universo sonoro, ese es “El Liso de Olaya”, el clásico del palenquero Luis Tower lanzado en 1995. Más que una canción, es una expresión urbana que convirtió a Cartagena en epicentro de un movimiento cultural capaz de atravesar estratos sociales y convertirse en símbolo de identidad.
El término “liso”, en la jerga cartagenera, describe al personaje astuto, sagaz, con picardía y calle, que se abre paso sin dejarse engañar. «Ese man vive en Olaya papa y no come de na». “Olaya” nos remite al emblemático sector, escenario de historias de resistencia y creatividad popular. La canción, autobiográfica, recoge esas vivencias y las transforma en ritmo, en relato colectivo, en orgullo barrial.
La historia detrás del tema se remonta al 11 de noviembre de 1995, durante las Fiestas de Independencia de Cartagena. Louis Towers, tras disfrutar del desfile del Bando, se encontró con un colega cantante y de esa experiencia nació un relato que pronto se convirtió en himno. El “Liso de Olaya” no solo narra la vida de un personaje de la calle, sino que elevaba esa figura a símbolo cultural de toda una ciudad.
Hoy, con la champeta reconocida como patrimonio, este éxito cobra aún más vigencia. Es memoria viva de un género que se niega a ser marginal y que, por el contrario, se erige como bandera de la identidad caribeña. Preservar la champeta significa preservar la voz de los barrios, la picardía de la calle y la fuerza de una cultura que ha sabido abrirse paso en medio de prejuicios y olvidos.
La champeta es Cartagena, es Bolívar, es Caribe. El “Liso de Olaya” es su carta de presentación: un recordatorio de que la música popular no solo entretiene, sino que construye memoria, rompe fronteras y nos recuerda que la cultura es, ante todo, resistencia y dignidad.
Para Luis Tower
