Por Rubén Rodríguez García

Los hechos recientes del grupo de base, liderado por la zarina anticorrupción, Lidis Ramírez y el alcalde William Dau, dan muestras fehacientes de que la relación se ha ido deteriorando, de tal manera que lo único que los une prácticamente son los intereses particulares.

Por un lado, el mandatario distrital saca dividendos de estos muchachos, de quienes aseguran, no me consta, están bajo la batuta de la señora Lidis Ramírez y conforman lo que se denominan algunas de las llamadas bodegas.

Estos jóvenes son utilizados como el gran comité de aplausos que requiere el alcalde para seguir en el poder. Su finalidad es defender los discursos incendiarios del mandatario; y a quien lo cuestione, pues, sencillamente le caen como “mariamulatas”, a través de las redes sociales para deslegitimar, amenazar e intimidar.

Ya va siendo hora de ponerles freno a estos muchachos, para que el problema no siga creciendo; y pararlos de una vez por todas, para dejar atrás esa polarización que no le hace nada bien a la ciudad, pues solo sirve para que unos cuantos saquen dividendos a futuro, pensando en sus aspiraciones políticas.

Y llegamos aquí al punto de la señora Lidis Ramírez, quien pretende consolidarse en el horizonte político de la ciudad atacando a los gremios, a los políticos y a todo el mundo, como lo dejó ver en su último video. Ha salido en entrevistas también a marcar distancia del gobierno Dau, en ciertos hechos concretos, con el fin de demostrar que está del lado del pueblo, con un discurso que pretende recoger los frutos de una administración, que, como la de su líder William Dau, hasta el momento ha demostrado ser incapaz de gobernar.

Y lo que es peor, de lo poco que ha hecho Dau (si es que ha hecho algo) no van a recoger frutos ni Lidis, ni Armando, ni Múnera, ni los Javier Julio, ninguno. Quien está detrás del alcalde ya tiene claro que hay que sacar el mayor provecho de esta crisis, con el fin de cumplir su objetivo: la Alcaldía.

La ciudad se hunde en una grave crisis político-administrativa y financiera. Está vuelta nada. Una ciudad es la que están viendo en este momento desde la Administración distrital, con todos los “buitres” que rodean a William Dau; y la otra es la real, la que pierde más de 70 mil millones de pesos mensuales; la que cierra restaurantes, joyerías, hoteles, empresas… y nadie le presta atención.

Para el turismo, que es la gran fuente de ingresos para la ciudad, no pinta una reactivación por todo este tiempo. ¿Qué va a pasar con todas las personas que derivan su sustento de este importante renglón de la economía? Aparecerá la informalidad en la economía, los hechos de inseguridad, la movilidad se afectará, en fin, son serios problemas que no se han planteado en este momento.

El discurso se le agota a William Dau y, es por esta razón, que su imagen se ha ido deteriorando. Son muy pocos los que le copian y le replican el discurso porque se hace necesario que comience a ver la ciudad que de verdad en este momento se hunde y nadie está haciendo nada para extenderle la mano e impulsarla para salir adelante.

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