La Copa del Mundo de la FIFA es uno de los trofeos más reconocidos del planeta y su composición refleja tanto lujo como simbolismo. El trofeo actual, diseñado en 1974 por el escultor italiano Silvio Gazzaniga, está elaborado en oro de 18 quilates y descansa sobre una base de malaquita verde. Su altura es de 36,8 centímetros y su peso alcanza los 6,175 kilogramos, lo que lo convierte en una pieza imponente pero manejable para los capitanes que la levantan.
El oro de 18 quilates es el material predominante, lo que significa que el trofeo no es completamente macizo. En realidad, es hueco, pues si fuese sólido pesaría más de 70 kilogramos, algo imposible de alzar en el momento de la celebración. La base de malaquita, con su característico tono verde, simboliza los campos de juego y aporta un contraste elegante frente al dorado del cuerpo principal.
El diseño representa dos figuras humanas que sostienen el planeta Tierra, una metáfora de la universalidad del fútbol. Esta imagen transmite la idea de que el deporte une a las naciones y que el campeonato mundial es un evento que trasciende fronteras. Además, en la parte inferior del trofeo se inscriben los nombres de los países campeones desde 1974, con espacio reservado hasta el año 2038.
Cabe recordar que antes de este trofeo existió la Copa Jules Rimet, entregada entre 1930 y 1970. Aquella estaba hecha de plata esterlina recubierta en oro y tenía una base de lapislázuli. Representaba a Niké, la diosa griega de la victoria. Tras la conquista definitiva de Brasil en 1970, la FIFA encargó un nuevo diseño, dando origen a la actual Copa del Mundo.
Más allá de su valor material, estimado en más de 20 millones de dólares, la Copa del Mundo es un símbolo de gloria y unión. Cada cuatro años se convierte en el objeto más codiciado por selecciones y aficionados, y su composición en oro y malaquita refuerza la idea de que el fútbol es un tesoro compartido por toda la humanidad.
