Rodolfo Díaz Wright
Lamentable que todos los expertos y protectore del mangle, hayan esperado tanto tiempo, hasta cuando ya no había nada que hacer, para salir a rasgarse las vestiduras y arremeter con improperios de desafuero, contra todos los funcionarios y ciudadanos que, ante el irremediable desastre de una cloaca a cielo abierto, se dieron a la tarea de apoyar las soluciones de unión y cultura ciudadana, convocadas por el alcalde para recuperar el Caño Juan Angola.
Lamentable, porque ese espíritu protector no apareció, cuando hace 58 años, se decidió, sin fórmula de juicio, bloquear el flujo del caño Juan Angola, a la altura de la nueva pista del entonces llamado aeropuerto de Crespo, condenando al raudo y atractivo curso de agua al estancamiento, y la podredumbre, para luego convertirse en receptáculo de aguas servidas, materia orgánica y todo tipo de desechos sólidos, incluidos escombros de construcción.
Triste que nuestros expertos, durante más de medio siglo, le hayan entregado la responsabilidad de proteger el ecosistema del caño y otros cuerpos de agua de la ciudad, a unas plantas de mangle, que poco a poco fueron llegando, movidas por corrientes y mareas y atraídas por un medio contaminado, lleno de materia en descomposición y con mínimos niveles de oxígeno disuelto, en los que ya la vida era prácticamente imposible.
El pobre mangle hizo lo que pudo, en su tarea de fijador de CO2 a los fondos pantanosos, pero, muy pronto, el agua de sus raíces desapareció y fue sustituida por basuras y desechos humanos, lo que lo llevó a ser, simplemente, una planta más, con su proceso de fotosíntesis liberador de oxígeno atmosférico y sirviendo de hábitat de aves y otras especies menores de tierra.
Se conformaron con creer que podíamos contaminar hasta el final de los tiempos, ya que, mientras los cuerpos de agua se llenaran de mangle, no tendríamos problemas, porque, bastaba simplemente con observarlos y dejarlos trabajar, para que, por arte de magia, nuestras ciénagas, lagos y caños fueran unos paraísos. Error fatal: Realmente no hay que ser un experto para darse cuenta, cuan equivocados estaban y cuanto daño le hicimos y seguiremos haciendo al ambiente de no actuar en la forma correcta.
Propios y extraños ponderan y disfrutan hoy, el excelente resultado que se viene logrando y que, incluso, ha llamado la atención del gobierno nacional y el resto del país, desde donde se asegura que los beneficios que se obtendrán con la utilización del recuperado caño como vía del transporte acuático, serán igualmente importantes.
El equipo liderado por el alcalde y Edurbe, ha conseguido motivar a toda la ciudadanía y hoy, son los propios vecinos del Caño Juan Angola, quienes se encargan de vigilar los trabajos y cuidar su sostenibilidad. El paisaje recuperado que se observa al llegar a la ciudad, ha agradado tanto que, aun sin terminar trabajos, ya los visitantes se detienen a disfrutar del nuevo ambiente.
Por último aclararles que el mangle si funciona, los que no funcionamos somos nosotros.

