El congresista conservador Fernando Niño volvió a recibir un castigo de su colectividad, aunque su proceso disciplinario parece una novela sin final. Según él, la sanción es una represalia política por haber apoyado las reformas del gobierno, esas que benefician a miles de bolivarenses pero que incomodan a los jefes azules.

Niño señaló directamente al presidente del partido, Efraín Cepeda, a quien describió como el guardián del “no” perpetuo: se opuso a la reforma a la salud, a la pensional y a la tributaria. “El partido cada día se aleja más del pueblo y por eso pierde representatividad en el Congreso”, aseguró, dibujando la imagen de una colectividad que se hunde mientras sus dirigentes aplauden el naufragio.

“Hoy me sancionan por defender a la gente y por actuar con coherencia. Esto no es una sanción, es una represalia política. Buscan mi muerte política dentro del partido”, ironizó Niño, quien insiste en que su único jefe es el pueblo.

Finalmente, el congresista reafirmó su respaldo a Iván Cepeda como candidato presidencial. Una jugada que convierte su sanción en un episodio de humor negro: el partido que lo castiga y él transformándose en progresista de la noche a la mañana.

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