Por Eduardo De La Hoz
Decían los abuelos con una frase lapidaria, aquellos que no tenían la más mínima vergüenza, que la persona que carece de este sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida o por una humillación o insulto recibidos, tenía “más cara que espalda”.
El Concejo de la ciudad está demostrando una vez que no le importa la ciudad, solo le importan sus “negocios”, sus tramoyas y sus múltiples acuerdos que se hacen por debajo de la mesa. Desde que se produjo la declaración de insubsistencia del último Contralor Distrital, lo que ha venido es una serie de reuniones en la sombra, acusaciones en el recinto de la democracia, y la ciudad sigue estando patas arriba.
Hay que decir que el recinto de la democracia cartagenera tiene varios cabildantes sumergidos en acusaciones, impugnaciones y presuntos delitos, que asemejan a las más horrendas circunstancias de la mafia siciliana, pero que en estos lo que hay es una “vendetta” de la más baja calaña.
La situación de la ciudad debe ser auscultada de manera enérgica por los entes de control la procuraduría y la fiscalía porque lo que ha habido es un rosario de delitos amparados en dimes y diretes que solo asemejan a una pelea de meretrices, que se disputan un cliente.
En este caso el cliente es la Contraloría, un ente politiquero y politizado que no ejerce ningún control, que solo acude a intereses personalistas y electoreros, que no ayudan en nada al control fiscal de la ciudad, sumado a una administración mediocre que no hace ni deja hacer, sumida en la más estática inoperancia de los últimos 50 años.
Grupos y grupillos políticos se disputan desde ya una de las entidades que más tiene en estos momentos OPSs, las cuales son el caldo de cultivo de la compra y venta de puestos para ejercer presión ante una eventual candidatura a la alcaldía. El alcalde William Dau, el más mediocre que ha llegado a la ciudad, en materia de administración, pero hay que reconocerle solo una cosa, que ha tenido toda la razón en lo que ha dicho del Concejo de la ciudad de Cartagena: Una cueva de bandidos de la más baja calaña.

