La publicación emanada del Viceministerio de Hacienda, que anuncia con bombo y platillo una inversión de 3.200 millones de pesos en la región Caribe, deja más dudas que certezas. No porque la inversión sea negativa —todo recurso suma—, sino porque se presenta como un logro mayor cuando en realidad es apenas una fracción ínfima frente a las necesidades y las cifras que manejan las propias ciudades.
En Cartagena, por ejemplo, el distrito ha destinado cerca de 6 billones de pesos en obras de gran calibre: escuelas, hospitales, vías, proyectos estratégicos. En contraste, el anuncio nacional parece más un reconocimiento implícito de que el Caribe no ha sido prioridad. La diferencia es abismal: mientras los territorios reclaman inversiones de varios billones, el centro responde con millones.
El mensaje que queda es preocupante. El gobierno nacional parece desconectado de la realidad regional. Los alcaldes y gobernadores llevan tiempo advirtiendo sobre la falta de inversión, y esta publicación no hace más que darles la razón. La brecha entre el discurso del centro y las necesidades del Caribe se ensancha, y el cortocircuito institucional se hace evidente.
Mientras proyectos estratégicos como el Canal del Dique (más de 4 billones) o el nuevo aeropuerto de Cartagena (más de 6 billones) esperan decisiones, el Ministerio de Hacienda se limita a mostrar un mapa con cifras mínimas. ¿Qué significa para el país anunciar 3.200 millones en una región que exige transformaciones de gran escala? ¿Es un gesto de transparencia o la confirmación de que no hay un plan claro para el Caribe?
La conclusión es inevitable, los mandatarios locales tienen razón en su reclamo. El centro no está invirtiendo en las regiones con la magnitud que se requiere. Y mientras no haya claridad en cifras, objetivos y planes, el Caribe seguirá sintiendo que su voz no es escuchada.
