El Consejo de Política Económica y Social del Distrito acaba de aprobar un paquete histórico: cuatro políticas públicas que marcarán el rumbo de la ciudad durante los próximos cuatro periodos de gobierno. No se trata de simples documentos, sino de estrategias de largo aliento que buscan dar soluciones definitivas a problemas que venían afectando a la comunidad sin un marco claro de acción.
La primera gran apuesta es la política pública de salud mental, liderada por el DADIS. Con ella se fortalecerán los programas de promoción, prevención y atención integral, enfrentando de manera directa trastornos mentales, conductas suicidas y violencias. Es un paso decisivo para garantizar que la salud mental deje de ser un tema invisible y se convierta en prioridad de la agenda pública.
En paralelo, la política de espacio público busca recuperar y proteger los lugares comunes de la ciudad. La Gerencia de Espacio Público y Movilidad tendrá la tarea de garantizar accesibilidad, calidad y respeto por estos espacios, que son vitales para la convivencia ciudadana. La apuesta es clara: Cartagena necesita espacios dignos y seguros donde la comunidad pueda encontrarse y vivir la ciudad.
La tercera política aprobada es la de educación ambiental, a cargo del EPA. En una ciudad golpeada por problemas de basura, canales taponados y falta de conciencia ecológica, esta estrategia pretende sembrar una cultura de protección y conservación de los recursos naturales. La meta es que la ciudadanía asuma un rol activo en la defensa del medio ambiente, transformando hábitos y prácticas cotidianas.
El cuarto eje es la política pública para personas con orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género diversas, liderada por la Secretaría de Desarrollo Social. Su objetivo es eliminar barreras de discriminación y exclusión, garantizando igualdad de derechos y oportunidades. Es un avance significativo hacia una ciudad más justa, incluyente y respetuosa de la diversidad.
En conjunto, estas cuatro políticas representan un legado de gobernanza a largo plazo. Ahora el reto es su implementación efectiva: reglamentación, monitoreo y control para que no queden en el papel, sino que se traduzcan en cambios reales en la vida de los cartageneros. La ciudad tiene frente a sí una oportunidad única de transformar su presente y proyectar un futuro más saludable, sostenible, equitativo y humano.
