A dieciocho meses de las elecciones, ya circulan listados y cuadros con fotografías de supuestos candidatos a la Alcaldía. Más que un ejercicio serio de análisis político, parecen ser la repetición de la costumbre: portales improvisados y opinadores de ocasión que llenan vacíos con nombres reciclados, personajes sin votos ni intención real de participar, pero que disfrutan del eco mediático para engordar su hoja de vida.
La ciudadanía, curada de espantos, recibe estas listas con escepticismo. Ya nadie se asombra: antes de leer una noticia, la primera reacción es pensar que es invento, que es mentira, que es otro capítulo de la desinformación. Incluso la inteligencia artificial se convierte en chivo expiatorio, señalada como autora de lo que no se entiende, como si sin inteligencia humana pudiera operar sola.
Lo cierto es que los verdaderos aspirantes —los que se preparan con seriedad, programa de gobierno y visión de ciudad— aún permanecen en silencio. Será hacia febrero del próximo año cuando empiecen a mostrar sus intenciones, con propuestas estructuradas y planes de desarrollo que estén a la altura de los indicadores y obras que deja la actual administración.
Cartagena no necesita candidatos de papel ni listas improvisadas: necesita líderes preparados, capaces de continuar el proceso de transformación y de sostener la vara alta que hoy marca la gestión pública.
La política local no puede seguir reducida a un espectáculo de rumores y especulaciones. Cada lista improvisada erosiona la confianza ciudadana y convierte la democracia en un juego de apariencias. La ciudad merece debates serios, diagnósticos claros y propuestas viables, no un desfile de nombres sin compromiso ni proyecto.
Por eso, el reto no está en quién suena primero, sino en quién llega con la capacidad de gobernar. Cartagena requiere un alcalde que entienda la magnitud del momento histórico, que sepa que la continuidad de las obras y la solidez de los indicadores no son un lujo, sino una obligación. Solo así la contienda electoral dejará de ser ruido y se convertirá en esperanza real de futuro.
