En Cartagena se le suelen hacer titulares y mucha bulla a lo escandaloso, a lo folclórico o a lo trivial. Pero el pasado viernes 24 de julio ocurrió algo mucho más trascendente: el Plan de Ordenamiento Territorial ya está formulado y aprobado en Consejo de Gobierno.
Este documento, esperado desde hace más de diez años, definirá cómo se distribuyen los suelos, cómo se organiza la movilidad y cómo se planifica el crecimiento urbano. Es el logro más importante de este gobierno y el instrumento que la ciudad necesitaba con urgencia. El reto ahora es que el Concejo lo apruebe sin dilaciones, porque Cartagena no puede seguir navegando sin rumbo.
El POT no es un simple trámite técnico: es el instrumento que permitirá a la ciudad dejar atrás la improvisación y proyectar un desarrollo ordenado. Servicios públicos, expansión urbana, transporte, vivienda… todo está consignado en un plan que ofrece un horizonte de 15 a 20 años. Cartagena, que por años ha navegado sin dirección, ahora tiene la posibilidad de contar con una hoja de ruta clara y consensuada.
Este avance es, sin duda, el logro más importante de este gobierno. No se trata de una obra visible ni de un evento festivo, sino de un documento que marcará el futuro de la ciudad. Después de 30 meses de trabajo y la participación de miles de ciudadanos y expertos, Cartagena tiene en sus manos el plan que tanto necesitaba para ordenar su crecimiento y enfrentar sus desafíos.
El reto ahora está en el Concejo Distrital. Allí deberá estudiarse, ajustarse y aprobarse sin dilaciones. La ciudad no puede permitirse que intereses políticos o cálculos personales frenen un proyecto que es vital para su desarrollo. Cada día que Cartagena siga sin POT es un día más de improvisación, de caos urbano y de atraso frente a las necesidades de sus habitantes.
El POT no solo ese documento técnico, es también un compromiso con la ciudadanía. Representa la voz de miles de cartageneros que participaron en mesas de trabajo, aportaron ideas y señalaron necesidades. Ignorar este esfuerzo sería un golpe a la confianza pública y a la posibilidad de construir una ciudad más justa y equilibrada. La aprobación del plan es, en esencia, un acto de respeto hacia quienes han trabajado durante tres décadas de meses para darle a Cartagena un futuro ordenado.
Por eso, este momento exige altura política y visión de ciudad. El Concejo tiene en sus manos la oportunidad de marcar un antes y un después en la historia urbana de Cartagena. No se trata de un debate menor ni de un trámite burocrático: es la decisión que definirá cómo viviremos, cómo nos moveremos y cómo creceremos en los próximos 20 años. El POT es la brújula que tanto hemos reclamado; ahora toca usarla con responsabilidad y sin más demoras.
Por eso este editorial es un llamado a la responsabilidad. El POT no es un lujo ni un capricho: es una urgencia. Cartagena necesita dejar de mirar lo trivial y concentrarse en lo esencial. El futuro de la ciudad depende de que este plan se apruebe y se ejecute con firmeza. No hay tiempo que perder: el rumbo de Cartagena debe definirse ya.
