Cartagena amaneció hoy con una noticia que marca un antes y un después en su panorama turístico: el avance del proyecto de cable elevado, estructurado por una empresa francesa, que promete transformar la movilidad y la experiencia de propios y visitantes.
Los renders y visuales presentados muestran un recorrido que conectará puntos icónicos como la India Catalina, el Cerro San Felipe, Manga, Bazurto y La Popa, con cabinas de 20 pasajeros capaces de movilizar hasta 2.500 personas por hora. No se trata solo de un paseo aéreo: será un sistema de transporte alternativo que combina eficiencia con espectáculo visual.
La fórmula público-privada garantiza inversión extranjera y gestión distrital, un modelo que permitirá que la ciudad gane en infraestructura sin comprometer sus finanzas. El ascensor inclinado hacia La Popa y las estaciones estratégicas refuerzan la idea de un proyecto integral, pensado tanto para el turismo como para la movilidad urbana.
Cartagena se suma así a la lista de grandes destinos —Nápoles, Río de Janeiro, Bogotá, Medellín— que han demostrado el éxito de los cables aéreos. Con sus paisajes coloniales, históricos y caribeños, el nuestro tiene todo para convertirse en un atractivo indiscutible.
Este proyecto no es solo ingeniería: es visión de futuro. Es la apuesta por un turismo diversificado, sostenible y competitivo. Si se logra dejarlo estructurado y en ejecución al cierre de este gobierno, Cartagena habrá dado un salto cualitativo hacia la modernidad, elevándose —literalmente— a un nuevo horizonte.
El proyecto de cable elevado no solo representa un atractivo turístico, sino también una oportunidad de integración urbana. Al conectar sectores como Manga, Bazurto y La Popa, se abre la posibilidad de dinamizar la economía local, facilitar la movilidad y ofrecer nuevas rutas de acceso a zonas históricas y culturales. Este tipo de infraestructura, además, genera empleo en su construcción y operación, lo que se traduce en beneficios directos para la comunidad cartagenera.
Otro aspecto clave es la visión de sostenibilidad. El sistema de cabinas aéreas reduce la presión sobre las vías tradicionales, disminuye la congestión y aporta un transporte limpio que se integra con la tendencia mundial hacia ciudades más verdes. Cartagena, al adoptar este modelo, se posiciona como un destino que no solo preserva su patrimonio, sino que también innova en soluciones modernas para el turismo y la movilidad.
Cartagena está frente a un proyecto que combina tradición y modernidad, turismo y transporte, inversión privada y gestión pública. Si se logra consolidar en los tiempos previstos, el cable elevado será mucho más que un paseo panorámico: será símbolo de progreso, de visión estratégica y de una ciudad que se atreve a elevarse hacia el futuro.
