La reciente participación del alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, en la Asamblea de Asocapitales dejó en evidencia la doble naturaleza de estos encuentros: por un lado, el espacio para reiterar las quejas históricas contra el centralismo que asfixia a las regiones; por otro, la oportunidad de mostrar avances concretos en la gestión local y tender puentes hacia la cooperación internacional.
En medio de las discusiones sobre el Sistema General de Participaciones, los precios de la energía y la falta de apoyo del gobierno central, Turbay aprovechó el escenario para presentar el progreso de Cartagena en materia de recaudo tributario, eficiencia en el manejo de regalías y ejecución de su plan de desarrollo. Este balance positivo contrasta con el coro de lamentos que suele dominar la agenda de Asocapitales, y demuestra que la autonomía financiera y la gestión responsable pueden marcar la diferencia en el desarrollo urbano.
Además, la presencia de representantes de la Unión Europea, la CAF y organismos de cooperación internacional abrió un horizonte distinto: el de mirar hacia afuera cuando el centro político y económico del país no responde. La posibilidad de acceder a recursos frescos para proyectos de agua, energía o turismo refuerza la idea de que las ciudades capitales deben diversificar sus aliados y no depender exclusivamente de un Estado que, en muchas ocasiones, se muestra distante.
La Asamblea de Asocapitales no puede quedarse en la queja reiterada contra el centralismo. Debe convertirse en un espacio de propuestas, de gestión innovadora y de articulación con actores internacionales. Cartagena mostró que es posible transformar el discurso en resultados, y ese ejemplo debería irradiar hacia las demás capitales del país.
En ese sentido, la gestión del alcalde de Cartagena abre una ventana de oportunidad: aprovechar la presencia de organismos internacionales como la Comunidad Andina de Naciones, el Banco Mundial, la Unión Europea o la CAF para atraer recursos frescos que impulsen proyectos estratégicos.
La posibilidad de financiar iniciativas como el transporte acuático, vital para la movilidad y el turismo de la ciudad, demuestra que mirar hacia afuera puede ser tan importante como reclamar hacia adentro. Ojalá que estos acercamientos se traduzcan pronto en resultados concretos, porque Cartagena y las capitales del Caribe necesitan aliados que les permitan culminar sus planes de desarrollo con obras visibles y sostenibles.
