OPINION/ Por Juan Carlos Guardo
La democracia habló y las urnas decidieron. Abelardo de la Espriella fue elegido Presidente de la República en un proceso electoral legalmente concluido. Ese hecho merece respeto. Sin embargo, toda elección deja una pregunta adicional: ¿quién resulta políticamente fortalecido más allá del ganador formal?
La conformación inicial del nuevo gobierno ofrece elementos para el análisis. La presencia de diversas figuras que participaron en el gobierno de Iván Duque, junto con perfiles cercanos a la Universidad Sergio Arboleda, permite interpretar la existencia de una línea de continuidad en equipos, ideas y formas de gobernar. Esa observación no desvirtúa el liderazgo propio del nuevo Presidente, pero sí invita a reflexionar sobre el alcance de las redes políticas que sobreviven a los cambios de gobierno.
Durante la campaña, Iván Duque mantuvo un perfil discreto. En ocasiones apareció mostrando su afición por la música como DJ. Sin embargo, la política enseña que la influencia no siempre se ejerce desde el protagonismo público. Los liderazgos también se expresan mediante la formación de equipos, la confianza construida y la permanencia de cuadros técnicos.
No existe evidencia pública que permita afirmar que el expresidente dirige el nuevo gobierno. Pero sí resulta legítimo observar que la integración del gabinete alimenta la percepción de una importante continuidad política con su administración. Esa diferencia entre hechos y opinión debe preservarse.
Corresponderá al presidente Abelardo de la Espriella demostrar, con sus decisiones, que su gobierno tendrá identidad propia. Los nombramientos son apenas el comienzo; las políticas públicas serán el verdadero criterio para evaluar la autonomía de su administración.
Quizá la historia concluya que el vencedor electoral fue Abelardo de la Espriella. Pero también podría concluir que Iván Duque logró algo que pocos expresidentes alcanzan: mantener vigente un proyecto político a través de personas, ideas y confianza institucional, sin ocupar nuevamente el centro del escenario.
El tiempo dirá si esta lectura fue acertada. Por ahora, constituye una reflexión sobre los primeros signos del nuevo gobierno y sobre una máxima de la política: en ocasiones, la influencia más profunda pertenece a quien menos aparece en la fotografía.
