La primera vez que escuché el término “boca è champú”, fue por allá por el año 2016, cuando yo aún vivía en Colombia. Se lo escuché al, a la sazón, Gobernador de Bolívar Dumek Turbay y, por el contexto en que lo dijo, me imaginé que se refería a personas boconas o chismosas, que hablaban más de la cuenta.
Casi me había olvidado de la extraña alocución cuando, de un momento a otro, vi las redes sociales agitadas porque, el ahora alcalde de Cartagena de Indias Dumek, nuevamente trajo a colación el jabonoso y espumante símil, para referirse a un nuevo grupúsculo de personajes, dedicados a decir tonterías y pendejadas que, al igual que la espuma, al salir por su boca se disipan sin causar ningún efecto.
Entendimos que se trata de personajes mezquinos, resentidos o ardidos que, a falta de cosas importantes que objetarle al alcalde, se han dedicado a sabotear con pasquines digitales y perversos, el desarrollo de las importantes obras que el burgo maestre viene realizando con mucho éxito y en medio de felicitaciones de propios y extraños.
La reciente controversia, que dio origen a que el alcalde refrescara el epíteto, se relaciona al hecho de que un grupo de boca è champú, se dedicaron a decir en redes que, el proyecto de ampliación hacia el siete de agosto, de la vía perimetral, había sido inaugurado sin terminar. Obviamente, todos sabían que esto no era así, ya que se había anunciado que, se iba a dar al servicio una primera parte, para aprovechar e ir mejorando la movilidad, mientras se termina un pequeño sector que se encuentra paralizado, por invasores ilegales.
Los boca è champú también clasifican, dentro del inframundo de los desesperados, como profetas del desastre, ya que su mayor satisfacción sería que las obras se dañaran, quedaran mal o fracasaran, lo que les daría tranquilidad de conciencia ya que no soportan el incordio de su silencio cómplice, durante todo el tiempo que la ciudad se siniestró, sin que ellos abrieran la boca. Algunos incluso tuvieron posiciones de mando y dirección y solo las aprovecharon para solazarse en la pingarria, con más ínfulas que talento, rascándose el ombligo mientras el comején macondiano acababa con la ciudad.
Hay algunos boca è champú de nuevo cuño que, más que enzorrar con sus tonterías, andan presurosos detrás del like y el exitismo, en un afán desmedido por lograr protagonismo y fortuna sin importar la forma. Se sueñan con los quinientos diez y seis millones de seguidores de MrBeast y con los ochenta y cinco millones de dólares anuales que este recibe, para luego despertar a la realidad de ser unos simples habladores de copa.
