Por Rubén Darío Rodríguez
Cuando el pueblo dicta el eslogan del marketing político
En la historia del marketing político, las frases espontáneas del pueblo han demostrado ser más poderosas que cualquier estrategia diseñada en un laboratorio de comunicación. Son expresiones que nacen de la emoción colectiva y que, al ser apropiadas por la comunidad, terminan convirtiéndose en verdaderos eslóganes de campaña. Así ocurrió con el famoso “Sin igual y siempre igual” de la cerveza Águila, creado por Álvaro Cepeda Samudio, que trascendió el ámbito comercial para instalarse en la memoria cultural.
En Santa Ana, corregimiento de Cartagena, una expresión similar parece estar tomando forma. Tras la visita del alcalde Dumek Turbay, Dorlyn González Valdés, consejero de deporte, lanzó una frase que resonó con fuerza: “¡El man se portó firme!”. Más allá de la anécdota, lo interesante es cómo esta declaración puede convertirse en un recurso comunicacional que sintetiza confianza, liderazgo y cercanía con la comunidad.
El marketing político enseña que los mejores eslóganes no se inventan en una oficina, sino que se recogen de la voz popular. Cuando un ciudadano expresa de manera natural su percepción sobre un líder, está construyendo un relato que conecta con la identidad colectiva. En este caso, la frase refleja la idea de un mandatario que cumple, que responde y que actúa con firmeza, atributos que cualquier campaña quisiera proyectar.
Además, la espontaneidad le otorga autenticidad. En tiempos donde los discursos políticos suelen percibirse como artificiales o calculados, una expresión como esta se convierte en un activo invaluable. No es un guion ensayado, sino una reacción genuina que puede ser capitalizada para reforzar la marca política del alcalde y, de paso, consolidar su narrativa de cercanía con la gente.
El reto del marketing político está en saber transformar estas frases en símbolos duraderos. No basta con repetirlas: hay que integrarlas en la estrategia, en los mensajes oficiales, en las piezas gráficas y en las dinámicas comunitarias. Así, lo que comenzó como un comentario espontáneo puede convertirse en un sello de identidad que acompañe al líder durante su gestión y más allá.
En conclusión, “¡El man se portó firme!” es mucho más que una ocurrencia local. Es la demostración de que el marketing político vive y se alimenta de las expresiones del pueblo. Cuando la ciudadanía reconoce y verbaliza la firmeza de un mandatario, está construyendo un relato que trasciende la coyuntura y se instala en la memoria colectiva. Y ahí radica la verdadera fuerza de un eslogan: en su capacidad de convertirse en símbolo de confianza y pertenencia.
