Por Rubén Rodríguez
Censurada en su momento por la iglesia y sectores conservadores de Puerto Rico, “Si Dios fuera negro” se convirtió en un clásico de la salsa y la música afrocaribeña. Compuesta e interpretada por Roberto Angleró junto a su orquesta Tierra Negra en 1979, la canción rompió esquemas y abrió un debate incómodo pero necesario sobre raza, poder y espiritualidad.
El tema es una descarga de crítica social con tintes de sátira y reivindicación. Angleró planteó un escenario hipotético en el que las figuras divinas y los líderes fueran negros, invirtiendo los roles de poder y cuestionando las jerarquías establecidas. Con humor y fuerza, la canción se transformó en un manifiesto de dignidad afrodescendiente.
En Colombia, el impacto fue inmediato: las emisoras la repetían sin descanso y el estribillo se escuchaba en cada rincón del país. En una época marcada por estereotipos raciales en la industria musical, Angleró logró que su sátira se convirtiera en afirmación cultural, imaginando un mundo donde la distribución del poder se invertía y la negritud ocupaba el centro.
Con el tiempo, el coro “Si Dios fuera negro, mi compay, todo cambiaría” trascendió fronteras. Fue interpretada por varios artistas y orquestas en América Latina, consolidando a Angleró como figura clave en la defensa de las expresiones afrocaribeñas. Más que una canción, es un grito que sigue vivo: un himno de resistencia, identidad y orgullo que aún resuena en la memoria colectiva y hoy día de la Afrocolombianidad en nuestro país, vale la pena que vuelva a sonar.
