El Parque de la Marina, en pleno corazón de Cartagena, ha sido siempre un espacio ambiguo. Estratégicamente ubicado en la entrada al centro histórico y a la zona turística de Bocagrande, debería ser un lugar emblemático, pero su historia ha estado marcada por la confusión y el descuido.
Los mapas antiguos muestran que allí no había tierra firme, sino agua. Era una zona inundada, un estrecho paso hacia Bocagrande donde incluso se trazaban los rieles del tren que llegaba hasta El Limbo. Con el tiempo, ese terreno emergido se convirtió en el Campo de la Infantería, un espacio polifuncional que fue escenario de deportes, festividades y vida social. Allí se jugaba fútbol organizado por la Liga de Bolívar, se forjaron figuras como Jaime Morón y Calixto Avena, y se levantaban casetas icónicas como Matecaña y Tres Esquinas. También llegaron circos y ciudades de hierro, convirtiendo el lugar en epicentro de la diversión popular.
Sin embargo, la transición hacia el actual Parque de la Marina trajo consigo una mezcla de proyectos inconclusos y abandono. Se levantaron bustos, una fuente que nunca funcionó, una plaza de armas y un parqueadero que terminó siendo el más costoso de la ciudad. Todo ello, sometido al deterioro y al desuso, convirtió al parque en un espacio que hoy muchos consideran el más feo del centro histórico, un contraste doloroso frente al desarrollo urbano que Cartagena ha impulsado en otras áreas.
Por eso resulta alentador que la administración distrital y la Armada hayan decidido intervenir este lugar. Recuperar el Parque de la Marina no es solo embellecer un espacio: es rescatar un pedazo de memoria colectiva, devolverle dignidad a un sitio que fue deportivo, festivo y comunitario, y ponerlo al nivel del nuevo centro histórico que Cartagena proyecta.
El reto está en transformar el abandono en oportunidad. Que la fuente vuelva a ser símbolo de vida y no de basura, que el parqueadero deje de ser un lujo inaccesible, y que el espacio recupere su vocación ciudadana. Si se logra, el Parque de la Marina dejará de ser un recuerdo triste y se convertirá en un nuevo referente de desarrollo, cultura y encuentro para la ciudad.
