Por Rubén David Salas Arias
Entre la amplia biodiversidad que tiene el país, durante las últimas décadas hemos presenciado unos animales míticos auténticos, porque son de esos animales difíciles de presenciar y que nacen pocas veces en la historia. No es como que se les tenga que hacer un altar o darles nombres a bibliotecas por ello. Simplemente es interesante conocerlos y registrar su paso libre por la tierra. En especial porque tienen la capacidad de transformar la realidad social a su antojo con una herramienta humana excepcional como lo es: la política.
Esos seres no creen en limitaciones porque las traspasan de forma dinámica. Son lectores de populismos como pocos que, con un olfato excepcional cual sabueso adiestrado, identifican el destino del espíritu de un pueblo; mejor dicho, andan con el espíritu pero le agregan la voz que han adquirido con la representatividad social. En su camino elevan sus ideas, usan sus apellidos como banderas y luchan contra los de su misma especie, lo cual los engrandece, para pasar de largo por el tiempo dando de qué hablar.
En lo que se podría llamar un estado natural deambulan entre las profundidades del Estado y múltiples gobiernos que han ostentado el mando de Éste. Tienen un camuflaje excepcional. Particularmente se manejan entre gobiernos que aún no han sido y prestan sus brazos para darles forma, porque saben que luego vendrá su momento. Tiene una visión de largo alcance. Además, ante la aparente resistencia de varías mayorías logran tener éxito continuo y eso no es normal. Luego, todos nos preguntamos: «¿Cómo lo hacen?«
Es que como depredadores tienen una perspicacia que les ayuda a identificar el peligro y comprender cuándo retirarse o atacar. Son lúcidos, y en el momento en que se ven perdiendo, llegan a consensos y los promueven. A su vez, coinciden con el momento en el cual deben prestar su brazo para lanzar el barro, así como para limpiar la mano del que eventualmente hace el trabajo. Resulta que saben cuál es su posición y la que van a reclamar por su trabajo.
Solo sus conciencias sabrán cómo formaron su legado, solo ellos sabrán cuál es su verdad, e incluso de qué manera seguirán su historia; porque si de algo tenemos que estar seguros es que, de aquellos que muchas veces aciertan es porque tiene un músculo entrenado, por lo que es poco probable que fallen.
Puede que algún día por azares de la vida el pueblo que representaron llegue a conocer pequeños apartes de su historia, ahí serán sometidos al escarnio público para bien o para mal, si es que la política se rige con esos (des)encantos, pero de algo hay que estar seguros y reconocer: son animales políticos, son seres maquiavélicos en el sentido filosófico de la palabra.

